R.U.R. se estrenó hace más de un siglo y cabe todavía en una frase de titular: unos obreros artificiales se cansan de obedecer y acaban con la humanidad. Novelas, películas y videojuegos la han repetido después. Se cuenta menos que Karel Čapek no escribió una obra sobre máquinas, sino sobre el negocio de fabricarlas.
Un aviso de método: este análisis es documental. Trabajo sobre el texto de la versión inglesa de Paul Selver y Nigel Playfair, la que ofrece el Proyecto Gutenberg, y no he visto ninguna puesta en escena. Las citas son traducción propia de ese inglés, no del checo original.
- 1921Estreno profesional en el Teatro Nacional de Praga
- 184Funciones en Nueva York en 1922
- 150 $Lo que cuesta un robot vestido en la obra
- 10Años entre el primer acto y el segundo
Ficha técnica de R.U.R.
Año
Edición en Praga en 1920; estreno profesional el 25 de enero de 1921
Autor
Karel Čapek; la palabra «robot» la propuso su hermano Josef
Título original
R.U.R. (Rossumovi univerzální roboti)
Género
Drama de ciencia ficción: tres actos y un epílogo en la versión inglesa
Versión analizada
Selver y Playfair, Proyecto Gutenberg (eBook n.º 59112)
Primera función
2 de enero de 1921, Hradec Králové, con aficionados
Lugar y tiempo
Una isla; «el futuro»
Qué es: una fábrica de obreros artificiales
La obra transcurre en una isla, dentro de la fábrica de Rossum’s Universal Robots. Allí se producen en serie trabajadores sintéticos con una fórmula secreta. Llega Helena Glory, presidenta de una Liga Humanitaria, decidida a liberarlos. Harry Domin, el director general, la recibe con un discurso de ventas y acaba conquistándola.
El primer acto es una visita guiada. Domin cuenta que el viejo Rossum llegó a la isla en 1920 a estudiar fauna marina y dio con una materia que se comportaba como la viva. Su sucesor, el joven Rossum, razonó que tardar diez años en hacer un solo hombre era absurdo y que había que hacerlo más deprisa.

La fábrica: el trabajo como producto
Lo más actual de la obra es la contabilidad, más que los robots. Domin aclara que se compran y se venden, y que los mejores duran unos veinte años. Busman, otro directivo, presume de que cada uno cuesta ya 150 dólares, vestido, cuando quince años antes costaba 10.000.
Helena pregunta si los robots no sienten amor, y el ingeniero Hallemeier responde con la frase que resume el negocio. Antes ha dicho que no tienen voluntad propia, alma ni pasión.
¿Amor? Ni hablar. Los robots no aman. Ni siquiera a sí mismos.
Hallemeier, acto I (traducción propia de la versión de Selver y Playfair)
Es una respuesta de catálogo. Nadie pregunta si el producto sufre; preguntan si rinde. Busman lo dice sin rodeos en el acto tercero: es la demanda la que controla la producción, no la dirección.
La rebelión: la fórmula que alguien tocó
Diez años después, el mundo compra tantos robots que el trabajo humano sobra y nacen cada vez menos niños. El doctor Gall, jefe de fisiología, ha modificado la fórmula para dar a algunos robots rasgos humanos. Helena le había pedido que les diera alma, y lo reconoce ante todos. Gall insiste en que lo hizo por su cuenta.
Radius, uno de esos robots, se niega a ir al molino de estampar donde acaban los defectuosos. En el tercer acto los humanos quedan acorralados en la casa. Busman, que no ha dejado de calcular, solo pide salir de allí con vida.
Robots del mundo: el poder del hombre ha caído. Ha surgido un mundo nuevo, el dominio de los robots.
Radius, acto III (traducción propia de la versión de Selver y Playfair)
Hay un detalle que el cine suele omitir. Helena quema por la mañana las dos copias de la fórmula, con buena intención. Cuando Domin pregunta a Gall si podría reconstruirla de memoria, este contesta que es imposible: es demasiado complicada.

De dónde sale «robot» y cómo llegó al mundo
«Robot» viene del checo «robota», el trabajo forzado de los siervos, y a su vez de una raíz eslava que remite a la esclavitud. Según el propio Karel, en un artículo de Lidové noviny de 1933, que resume Wikipedia, la palabra la inventó otro. Él pensaba en «labori»; fue su hermano Josef quien le sugirió «roboti».
- 1920Se edita el texto en Praga, con cubierta de Josef Čapek; en 1921 aparece una versión revisada.
- 1921El 2 de enero, una primera función con aficionados en Hradec Králové; el 25, el estreno en el Teatro Nacional de Praga.
- 1922Playfair adapta para la escena británica la traducción de Selver, hecha un año antes.
- Octubre de 1922La Theatre Guild la estrena en el Garrick Theatre de Nueva York y la mantiene 184 funciones.
Los personajes: pocas voces y una pareja
Domin, Busman, Fabry y Gall son tipos: el empresario, el contable, el ingeniero, el científico. Funcionan porque cada uno defiende una parte del negocio sin ver el conjunto. Helena es la que cambia, de visitante idealista a mujer que reconoce su culpa. Quien aguanta hasta el final es Alquist, el constructor.
Los robots tienen nombre propio, Radius o Primus, y su rebelión no se explica con maldad, sino con un trato recibido. Al final, Alquist amenaza con llevar a Helena, la robot, a la sala de disección. Primus se ofrece en su lugar, y ella dice que irá ella misma. Alquist los despide con dos nombres: «Adán, Eva».
Qué funciona y qué no
Lo que sigue en pie
- Una crítica al trabajo barato y a quien lo vende.
- Un final que cierra la historia sin sermón.
- Un ritmo de tres actos que no se alarga.
- La pregunta de quién responde de lo fabricado.
Lo que ha envejecido
- El primer acto explica demasiado en voz alta.
- Los directivos son más tipos que personas.
- La psicología de los robots cambia de golpe entre actos.
- El arco de Helena, la visitante idealista, es el más convencional.
Cómo leerla hoy
Se lee en una sentada, porque es breve y está escrita para que no decaiga. La versión inglesa de Gutenberg es gratuita y completa, y lleva las acotaciones de la puesta en escena de época, que se agradecen. Conviene recordar que esa versión inglesa es una adaptación para la escena británica, no un calco del checo.
Si se busca la obra para ver cómo nació el robot de ficción, hay que ir a la fuente: aquí no hay metal ni luces, sino siervos fabricados, patronos y una isla. Lo que vino después de este texto es otra conversación.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa R.U.R.?
Son las iniciales de Rossum’s Universal Robots, el nombre de la fábrica de la obra. En checo, el título completo es Rossumovi univerzální roboti.
¿Quién inventó la palabra «robot»?
Karel Čapek atribuyó la palabra a su hermano Josef, quien le propuso «roboti» cuando él pensaba en «labori». Procede del checo «robota», trabajo forzado.
¿Los robots de la obra son máquinas?
No. Son seres fabricados con una materia que imita la viva, sin metal ni engranajes. Hallemeier dice de ellos que no tienen voluntad propia, alma ni pasión.
Lo bueno y lo malo
Lo que nos gustó
- Levanta un mundo entero con una isla y unas pocas habitaciones.
- El detalle de la fórmula quemada, que lo cambia todo.
- Una crítica económica que no ha caducado.
- Se lee gratis, completa y en una tarde.
Lo que no
- El primer acto pesa por tanta exposición.
- Los personajes humanos son esquemáticos.
- El paso de los robots a la rebelión se cuenta a toda prisa.
Veredicto: el robot nació como un obrero
R.U.R. es una obra más lista que redonda. La idea es de diez y se nota en cada página; la ejecución es la de un drama de 1920, con exposición generosa y personajes de trazo grueso. Aun así, el texto sigue teniendo lo más raro: una pregunta que no se deja contestar con un tópico.
La nota sale de ahí. Idea y legado puntúan lo máximo, la estructura es sólida, los personajes cumplen sin brillar y la lectura en versión adaptada recorta mi certeza sobre el estilo del original.
Para seguir con máquinas que quieren ser algo más, está Blade Runner, con sus replicantes, Neuromante, la novela que fijó el ciberpunk, y Metrópolis, otro obrero artificial, esta vez en el cine mudo.
Imagen destacada: Karel y Josef Čapek con una radio, dominio público, vía Wikimedia Commons.




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