Un huevo de plástico con una pantalla de cuarenta y ocho píxeles, tres botones y una criatura dentro que se muere si no la atiendes. Bandai vendió decenas de millones en dos años, los colegios los prohibieron y hubo padres cuidando mascotas virtuales en la oficina para que a su hijo no se le muriera en clase.
En corto. El primer producto de masas construido enteramente sobre la obligación de volver. Todo lo que hoy llamamos retención, rachas y notificaciones estaba ya aquí, en 1996, funcionando con una pila de botón.
Ficha técnica del Tamagotchi
Salida
Noviembre de 1996, en Japón
Fabricante
Bandai
Diseño del concepto
Aki Maita
Pantalla
Matriz monocroma diminuta
Controles
Tres botones
Mecánica central
Atenderlo o muere
Consecuencia social
Prohibido en colegios de medio mundo
La mecánica, que cabe en una frase
La criatura tiene hambre, se ensucia, se aburre y enferma con el paso del tiempo real. Si no se la atiende, muere. No hay puntuación, no hay final y no hay forma de ganar.
Ese diseño es notablemente cruel y notablemente eficaz: el usuario no juega por recompensa, juega por evitar una pérdida. Es un mecanismo psicológico distinto y mucho más potente.
Un juego de la época
- Se juega cuando se quiere.
- Se gana o se pierde.
- El progreso se guarda.
- Se puede dejar y volver.
Tamagotchi
- Reclama en tiempo real.
- No se gana: se evita perder.
- El descuido es irreversible.
- Dejarlo tiene consecuencias.
Lo que pasó en los colegios
El aparato pita cuando necesita algo, y lo necesita también durante las clases. En 1997 muchos centros los prohibieron directamente, y se generalizó una escena que hoy resulta cómica: padres cuidando el Tamagotchi de su hijo durante la jornada laboral.
Hubo incluso servicios de guardería para mascotas virtuales, anunciados sin ninguna ironía. Es uno de los primeros casos documentados de un objeto electrónico que reorganiza la vida cotidiana de una familia.
Un juguete de mil pesetas que obligó a un colegio a cambiar su reglamento. Merece la pena recordarlo cada vez que se discute sobre el móvil en el aula.
Thalvas Von Wierhem
El invento que se copió todo el mundo
El principio del Tamagotchi —vuelve o pierdes algo— está hoy en cualquier aplicación con rachas diarias, cultivos que se marchitan, energía que se recarga con el tiempo o recompensas por conectarse un día más.
La diferencia es que en 1996 el aparato costaba unas mil pesetas, se compraba una vez y no vendía nada más. La mecánica se ha conservado; lo que ha cambiado es para qué se usa.
- 1996. Atiende a la criatura o se muere.
- 2009. Riega el cultivo o se marchita, y paga por acelerarlo.
- 2015. Mantén la racha diaria y no la pierdas.
- Hoy. La misma mecánica, con la tienda al lado.
Por qué vuelve cada pocos años
Bandai lo ha relanzado en varias ocasiones, con pantalla en color, conectividad y versiones para el móvil. Funciona razonablemente bien cada vez, con ventas muy lejos de las del fenómeno original pero constantes.
El original sigue teniendo un mercado de coleccionismo activo, y las unidades de las primeras series en buen estado no son baratas.
- La mecánica central es evitar una pérdida, no conseguir un premio.
- El aviso sonoro en tiempo real fue lo que lo hizo socialmente problemático.
- Casi toda la retención moderna es un descendiente directo.
- Y las primeras series se han vuelto pieza de coleccionista.
Preguntas frecuentes
¿De verdad se moría?
Sí, y de forma irreversible en las primeras versiones. No había manera de recuperar la mascota: había que empezar de cero. Ésa era exactamente la clave del diseño.
¿Por qué los prohibieron en los colegios?
Porque avisaban con un pitido en tiempo real, también durante las clases, y atenderlos exigía sacarlos en mitad de la lección. Muchos centros optaron por prohibirlos en 1997.
¿Qué tiene que ver con las aplicaciones de hoy?
La mecánica es la misma: vuelve periódicamente o pierdes algo. Las rachas diarias, los cultivos que se marchitan y la energía que se recarga con el tiempo son descendientes directos.
¿Se siguen fabricando?
Sí. Bandai lo ha relanzado varias veces con pantalla en color y conectividad, y hay además un mercado de coleccionismo activo para las primeras series.
Veredicto: el prototipo de todo lo que vino después
Es fácil mirar el Tamagotchi como una moda de los noventa y perderse lo importante: fue el primer objeto que consiguió que millones de personas organizaran su día alrededor de un aparato que reclamaba atención.
Treinta años después, esa mecánica mueve una industria entera. Empezó con una pila de botón y cuarenta y ocho píxeles.
Del otro aparato de bolsillo que definió aquella década, el Nokia 3310.
Imagen destacada: varios Tamagotchi de distintas generaciones, fotografía de Dex Vintage, licencia CC BY 3.0 vía Wikimedia Commons.




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