Saltar al contenido principal
Retrato de la escritora Ursula K. Le Guin

La mano izquierda de la oscuridad: un mundo sin hombres ni mujeres

En el planeta Gueden no hay hombres ni mujeres. Sus habitantes son sexualmente neutros la mayor parte del tiempo y sólo adoptan un sexo —uno u otro, sin poder elegirlo— durante unos días al mes. Le Guin construyó ese mundo en 1969 para hacerse una pregunta muy sencilla: qué quedaría de nuestra sociedad si le quitáramos eso. La respuesta ocupa la novela entera.

En corto. Un experimento antropológico disfrazado de novela de aventuras, y funciona como las dos cosas. Lento al principio, y con una travesía por el hielo en la segunda mitad que está entre lo mejor escrito del género.

Ficha técnica de La mano izquierda de la oscuridad

Autora

Ursula K. Le Guin

Publicación

1969

El planeta

Gueden, que los forasteros llaman Invierno

Sus habitantes

Sin sexo fijo, salvo unos días al mes

El narrador

Genly Ai, enviado de una federación de mundos

Premios

Hugo y Nebula

Estructura

Informe, diario y leyendas del planeta intercaladas

El experimento

Le Guin plantea el libro como lo que ella misma llamaba un experimento mental: cambiar una sola variable de la condición humana y observar qué pasa con todo lo demás.

La variable es el sexo. En Gueden nadie es hombre ni mujer de forma permanente. Eso arrastra consecuencias en cadena: no hay violación, no hay guerra tal y como la conocemos, no hay división del trabajo por sexos y la maternidad no marca la vida de una mitad de la población.

  • Lo que desapareceEn Gueden
    Qué no existe
    La división del trabajo por sexo
    Qué no existe
    La guerra organizada tal y como la entendemos
    Qué no existe
    La violación, por imposibilidad física
  • Lo que apareceY no esperábamos
    Qué sí hay
    Intriga política feroz, y de la peor especie
    Qué sí hay
    Nacionalismo, fronteras y campos de trabajo
    Qué sí hay
    Un concepto del honor que el narrador no entiende

Ese segundo bloque es lo que hace el libro serio en vez de utópico: quitar el sexo no produce un paraíso, produce otra clase de sociedad con sus propias miserias.

Ursula Le Guin. Photo by Marian Wood Kolisch
Ursula Le Guin. Photo by Marian Wood Kolisch. Foto: Marian Wood Kolisch, Oregon State University Restored by Ada (CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons).

El narrador, que se equivoca todo el rato

Genly Ai llega a Gueden como enviado de una federación de planetas, y su trabajo es convencerles de que se unan. Es un hombre de nuestra especie y mira todo lo que ve con nuestras categorías.

Y se equivoca constantemente. Interpreta como femenino lo que le parece débil y como masculino lo que le parece firme, y esos juicios le llevan a leer mal a la única persona que está de su lado. Buena parte de la trama política se tuerce por eso.

El libro no trata de un planeta raro. Trata de un hombre incapaz de ver a alguien sin asignarle un sexo primero, y de lo caro que le sale.

Arnau San Freda

Le Guin, años después, reconoció que se había quedado corta: usó el pronombre masculino por defecto para los guedenianos y admitió que eso empujaba al lector a imaginarlos hombres, justo lo contrario de lo que pretendía.

La travesía

La segunda mitad del libro cambia de registro. Dos personajes cruzan a pie una meseta de hielo durante ochenta días, arrastrando un trineo, con la comida contada.

Es literatura de supervivencia pura, escrita con un detalle casi técnico —las raciones, el peso, la lectura del terreno— y es donde por fin ocurre lo que la novela venía buscando: dos personas de especies distintas que dejan de interpretarse y empiezan a conocerse.

  1. La primera mitad. Política de corte, protocolo y malentendidos. Lenta a propósito.
  2. La caída. El enviado pierde su posición y acaba donde no quería estar.
  3. El hielo. Ochenta días de travesía. Aquí el libro se convierte en otra cosa.
  4. El final. Lo que se ha ganado y lo que ha costado, sin adornos.
Ursula Le Guin. Photo by Marian Wood Kolisch
Ursula Le Guin. Photo by Marian Wood Kolisch. Foto: Marian Wood Kolisch, Oregon State University (CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons).

Por qué leerla hoy

Porque es el mejor ejemplo que conozco de libro con una tesis que no se convierte en panfleto. Le Guin tenía algo que decir y en vez de decirlo construyó un mundo donde el lector lo descubre solo.

Y porque la travesía por el hielo aguanta la relectura como pocas cosas. Se puede volver a ella sin el interés por la tesis y sigue funcionando.

  • La primera mitad es lenta: es deliberado, aguanta hasta el hielo.
  • No hace falta conocer el resto de su universo: se lee sola.
  • Busca una edición que incluya el ensayo posterior de la autora.
  • Y fíjate en cuántas veces se equivoca el narrador.

Preguntas frecuentes

¿Es una novela de ciencia ficción o de antropología?

Las dos cosas, y ahí está su valor. Le Guin la planteó como un experimento mental: cambiar una variable de la condición humana y observar las consecuencias. Pero también es una novela de aventuras con una travesía extraordinaria.

¿Hay que leer otros libros suyos antes?

No. Pertenece a un universo compartido con otras novelas suyas, pero se entiende y se disfruta perfectamente sola. De hecho es la puerta de entrada que más gente usa.

¿Qué crítica se le hizo?

Que usara el pronombre masculino por defecto para unos seres sin sexo fijo, lo que empuja al lector a imaginarlos hombres. La propia Le Guin lo reconoció años después y escribió sobre ello.

¿Por qué empieza tan lenta?

Porque la primera mitad es deliberadamente política y protocolaria: el narrador no entiende dónde está y el lector tampoco. Cuando empieza la travesía por el hielo, el libro cambia por completo de ritmo y de registro.

Veredicto: una tesis que no se convierte en sermón

Le Guin hace lo más difícil que puede hacer un libro con algo que decir: construir un sitio donde el lector llegue solo a la conclusión, y no explicársela.

Y encima le cabe dentro una travesía por el hielo que se sostendría sin ninguna tesis detrás. Cincuenta y seis años después sigue siendo la novela que pondría en las manos de alguien que dice que la ciencia ficción no es literatura.


De otra obra que se niega a explicar lo que el lector quiere que le expliquen, Solaris. Y del otro extremo del género, Neuromante.

Imagen destacada: retrato de Ursula K. Le Guin, fotografía de Marian Wood Kolisch, licencia CC BY-SA 2.0 vía Wikimedia Commons.

Arnau San Freda

Arnau San Freda es un crítico incansable, amante de los videojuegos con alma y profundidad. Criado entre píxeles y pergaminos, su pasión por el análisis lo llevó a desmenuzar cada mecánica, cada historia y cada línea de código que conforma una obra maestra del gaming. Con un enfoque detallado y sin concesiones, sus reviews combinan conocimiento, humor y una inmersión total en el arte de los videojuegos.

En Criticabits, su misión es separar lo legendario de lo olvidable, siempre con una pluma afilada y un ojo crítico implacable.

57 análisis firmados Leer todo lo suyo

Sigue leyendo

Tres análisis del mismo terreno, elegidos por lo que comparten con este.

  1. Literatura

    Solaris: la novela que se niega a explicarte el final

    También sobre Ciencia Ficción y Clásicos

  2. Literatura

    Fahrenheit 451: nueve días, nueve dólares y un sótano de biblioteca

    También sobre Ciencia Ficción y Clásicos

  3. Literatura

    El fin de la infancia: las naves llegan, no hacen nada, y eso es lo peor

    También sobre Ciencia Ficción y Clásicos

Ver todo lo publicado en Literatura

Navegación entre artículos

Deja tu comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.