Saltar al contenido principal
Fotografía de rodaje de Metrópolis con Joh Fredersen, Rotwang y el autómata

Metrópolis: casi hunde a la Ufa y nadie la vio entera en ochenta años

Una ciudad partida en dos: arriba los jardines y los rascacielos, abajo las máquinas y la gente que las mueve. Entre medias, un inventor con un guante negro que fabrica una mujer de metal para sustituir a la que predica la paz. Costó tanto que casi hunde al estudio más grande de Europa, y durante ochenta años nadie la vio entera.

En corto. Visualmente no la ha alcanzado casi nadie. Como argumento tiene un final ingenuo que el propio Lang acabó despreciando. Las dos cosas son ciertas y no se anulan.

Ficha técnica de Metrópolis

Dirección

Fritz Lang

Estreno

10 de enero de 1927, Berlín

Guión

Thea von Harbou

Estudio

Ufa

Duración original

Unos 153 minutos

El autómata

Diseñado por Walter Schulze-Mittendorff

Hallazgo clave

Copia casi completa en Buenos Aires, 2008

Una producción que se fue de las manos

Ufa era el estudio más potente de Europa y Lang le pidió todo: maquetas enormes, miles de figurantes, meses de rodaje nocturno y una técnica de trucaje que hubo que inventar sobre la marcha para meter actores dentro de las maquetas.

El resultado fue una película carísima que no recuperó lo invertido y que dejó al estudio en una situación delicada. La versión que se estrenó en Berlín duraba unos ciento cincuenta minutos; la que se distribuyó fuera venía recortada sin piedad.

  1. Enero de 1927. Estreno en Berlín con el montaje largo.
  2. Meses después. Se corta para el extranjero y se reordenan escenas enteras.
  3. Décadas. Circula en versiones mutiladas de entre 90 y 120 minutos.
  4. 2008. Aparece en Buenos Aires un negativo de 16 mm casi completo.
  5. 2010. Se estrena la reconstrucción en la Berlinale.

Ese hallazgo argentino es una de las mejores historias del archivo cinematográfico. Una copia que había viajado a Buenos Aires en 1928 y se había ido duplicando y degradando hasta acabar en un museo, rayada y en formato reducido, pero con casi todo lo que faltaba.

Set photograph from Metropolis , a 1927 German expressionist science-fiction silent film directed by Fritz Lan
Set photograph from Metropolis , a 1927 German expressionist science-fiction silent film directed by Fritz Lan. Foto: Horst von Harbou (Public domain, Wikimedia Commons).

Lo que se ve

La ciudad alta, con sus pasarelas y su tráfico aéreo, es la imagen que ha copiado medio siglo de ciencia ficción. Pero lo mejor de la película está abajo: la sala de máquinas, los turnos de diez horas y la coreografía de los obreros cambiando de turno con la cabeza gacha.

Y el autómata. El diseño de Schulze-Mittendorff —cuerpo de metal pulido, cara neutra, postura sentada— es probablemente el robot más influyente que se ha diseñado nunca, y está fabricado con una pasta plástica moldeada sobre el cuerpo de la actriz.

La primera vez que un robot tuvo cara

El problema del final

La tesis de la película cabe en una frase que sale escrita en pantalla: el corazón tiene que mediar entre el cerebro y la mano. Es decir, patrono y obreros se dan la mano y todo arreglado.

Lang, años después y ya exiliado, dijo en repetidas ocasiones que ese final le parecía una tontería y que no se lo creía. Thea von Harbou, que firmó el guion y con quien estuvo casado, siguió un camino político muy distinto al suyo en los años treinta.

Una película que retrata la explotación con una precisión brutal y la resuelve con un apretón de manos. Ese hueco entre lo que enseña y lo que concluye es la película.

Arnau San Freda

H. G. Wells, que de futuros sabía un rato, le dedicó una reseña demoledora: le pareció tecnológicamente absurda y socialmente boba. Tenía parte de razón y daba igual.

Set photograph from Metropolis , a 1927 German expressionist science-fiction silent film directed by Fritz Lan
Set photograph from Metropolis , a 1927 German expressionist science-fiction silent film directed by Fritz Lan. Foto: Horst von Harbou (Public domain, Wikimedia Commons).

Cómo verla hoy

Hay que buscar la reconstrucción de 2010, la que incorpora el material de Buenos Aires. Es larga, va con la partitura original de Gottfried Huppertz y tiene rótulos que avisan de los pocos fragmentos que siguen perdidos.

Cualquier otra edición es una película distinta, y en algunos casos literalmente otra historia: los montajes antiguos reordenaron escenas y eliminaron un personaje entero.

  • Busca la reconstrucción de 2010, no la versión de 1984 con música pop.
  • El material argentino se distingue: es más estrecho y está rayado.
  • La partitura de Huppertz está escrita para esta película y se nota.
  • Reserva dos horas y media largas, sin pausas.

Preguntas frecuentes

¿Qué versión hay que ver?

La reconstrucción de 2010, que incorpora el negativo de 16 mm hallado en Buenos Aires en 2008 y recupera casi todo el montaje original. Las versiones anteriores estaban recortadas y, en algunos casos, reordenadas.

¿Por qué faltó material tanto tiempo?

Porque el montaje largo sólo se proyectó unos meses en Berlín. Para la distribución internacional se cortó mucho, y los negativos completos se perdieron. Lo que sobrevivió fue una copia que había viajado a Argentina.

¿Es una película política?

Retrata la explotación industrial con muchísima fuerza y luego la resuelve con una reconciliación entre patrono y obreros. El propio Lang renegó de esa conclusión años después.

¿De qué está hecho el autómata?

De una pasta plástica moldeada sobre el cuerpo de la actriz y luego pulida, obra de Walter Schulze-Mittendorff. No es metal: lo parece.

Veredicto: la imagen gana a la tesis

Metrópolis es un caso raro: una película cuyo argumento se puede discutir entero sin que eso le quite un gramo de importancia. Lo que dice envejeció; lo que enseña, no.

Casi cien años después, la ciudad alta sigue apareciendo en cada película que quiere dibujar un futuro urbano, y el autómata sigue siendo el molde. Con eso basta.


De otro decorado que cuenta más que el guion, El gabinete del doctor Caligari.

Imagen destacada: fotografía de rodaje de Metrópolis (1927) con Joh Fredersen, Rotwang y el autómata, Horst von Harbou, dominio público vía Wikimedia Commons.

Arnau San Freda

Arnau San Freda es un crítico incansable, amante de los videojuegos con alma y profundidad. Criado entre píxeles y pergaminos, su pasión por el análisis lo llevó a desmenuzar cada mecánica, cada historia y cada línea de código que conforma una obra maestra del gaming. Con un enfoque detallado y sin concesiones, sus reviews combinan conocimiento, humor y una inmersión total en el arte de los videojuegos.

En Criticabits, su misión es separar lo legendario de lo olvidable, siempre con una pluma afilada y un ojo crítico implacable.

57 análisis firmados Leer todo lo suyo

Sigue leyendo

Tres análisis del mismo terreno, elegidos por lo que comparten con este.

Ver todo lo publicado en Cine

Navegación entre artículos

Deja tu comentario

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.