Bradbury escribió este libro en el sótano de una biblioteca, en máquinas de escribir de alquiler que costaban diez centavos la media hora. La primera versión le salió por nueve dólares con ochenta, y la escribió en nueve días. Un libro sobre la quema de libros, escrito en el sótano de una biblioteca, pagando por minutos. A veces la realidad se pone literaria sola.
En corto. No va de censura impuesta desde arriba: va de una sociedad que dejó de leer por su cuenta y agradeció que alguien se llevara los libros. Eso lo hace bastante más incómodo, y bastante más actual, de lo que su fama sugiere.
Ficha técnica de Fahrenheit 451
Autor
Ray Bradbury
Publicación
1953
Versión previa
El bombero, en Galaxy, 1951
Dónde se escribió
En el sótano de una biblioteca de UCLA
Cómo
Con máquinas de alquiler, a diez centavos la media hora
Lo que costó la primera versión
9,80 dólares y nueve días
El oficio del protagonista
Bombero, pero al revés
El giro que casi nadie recuerda bien
La imagen que todo el mundo tiene del libro es la de un régimen que prohíbe leer y quema bibliotecas. Y eso sale, pero no es el origen de nada.
En el libro se explica con claridad: nadie impuso la prohibición desde arriba. La gente fue dejando de leer poco a poco, los contenidos se fueron acortando para no aburrir, cualquier texto que molestara a alguien se fue limando, y cuando los libros ya no le importaban a nadie, quemarlos fue un trámite.
Los bomberos llegaron los últimos. Cuando aparecieron, ya no quedaba casi nadie a quien le importara.
Arnau San Freda
Ese orden de los acontecimientos es la tesis entera y es lo que separa este libro de cualquier historia de censura convencional.

Las paredes que hablan
La mujer del protagonista pasa el día en un salón con tres paredes convertidas en pantalla, siguiendo una especie de serie interactiva donde los personajes la llaman por su nombre y le dejan huecos para que conteste.
Y quiere la cuarta pared. Ése es todo su proyecto vital, y es de las cosas más desagradablemente reconocibles que se han escrito en 1953.
- Las paredesEl salón
- Qué son
- Pantallas que ocupan la habitación entera
- Qué ofrecen
- Una ficción que te llama por tu nombre
- Qué predijo
- El entretenimiento como compañía permanente
- Las caracolasLos auriculares
- Qué son
- Pequeños auriculares que se llevan puestos todo el día
- Qué ofrecen
- Un sonido continuo que impide el silencio
- Qué predijo
- Exactamente lo que llevas ahora en el bolsillo
Bradbury insistió durante décadas en que el libro no iba sobre censura estatal sino sobre esto: sobre una población que se entretiene hasta dejar de pensar. Se lo discutieron mucho y él no cambió de versión.
Cómo está escrito
Bradbury no escribe como un autor de ciencia ficción de los cincuenta. Escribe con imágenes, con frases que suenan y con una tendencia al lirismo que en otros libros suyos se le va de las manos y aquí está perfectamente sujeta.
La primera página, con la manguera escupiendo fuego y el placer de ver arder las cosas, es de las mejores aperturas del siglo y funciona sin que sepas todavía nada de la trama.
- Es corto: poco más de doscientas páginas.
- Se lee en dos sentadas y se recuerda entero.
- No hace falta que te guste la ciencia ficción.
- Y el prólogo que Bradbury añadió después merece la pena.

Por qué sigue doliendo
Porque el mecanismo que describe no necesita ningún villano. No hace falta un gobierno que prohíba: basta con que leer cueste un esfuerzo que otras cosas no piden.
Y porque la única resistencia que el libro propone es tan modesta que casi da vergüenza: gente que se aprende libros de memoria, uno por cabeza, y los recita. No hay ejército ni revolución. Hay personas que memorizan.
- 1951. Sale El bombero, la versión corta, en la revista Galaxy.
- 1953. Bradbury la amplía a cincuenta mil palabras y se publica como Fahrenheit 451.
- Décadas. Se convierte en lectura escolar en medio mundo, casi siempre mal explicada.
- Hoy. Su parte sobre entretenimiento continuo se lee mejor que su parte sobre censura.
Preguntas frecuentes
¿Va sobre censura?
Menos de lo que se cree. En el libro se explica que nadie impuso la prohibición: la gente dejó de leer por su cuenta y quemar libros llegó después, cuando ya no le importaban a nadie. Bradbury lo repitió durante décadas.
¿Qué son las paredes del salón?
Pantallas que ocupan habitaciones enteras y emiten una ficción interactiva donde los personajes llaman al espectador por su nombre. La mujer del protagonista tiene tres y su objetivo vital es conseguir la cuarta.
¿De verdad lo escribió en nueve días?
La primera versión, sí: la escribió en el sótano de una biblioteca de UCLA con máquinas de alquiler a diez centavos la media hora, y le costó 9,80 dólares. Esa versión corta se publicó como El bombero en 1951 y luego la amplió.
¿Es una buena entrada a Bradbury?
Es la mejor. Es corto, está sujeto —en otros libros su lirismo se desborda— y no exige que te guste el género. Si funciona, de ahí se puede saltar a Crónicas marcianas.
Veredicto: el aviso no iba de quien quema, iba de quien deja de leer
Fahrenheit 451 se enseña en los institutos como una novela sobre la censura, y así se desactiva la mitad de lo que dice. Los bomberos son la consecuencia, no la causa.
La causa está descrita con una precisión que da un poco de vergüenza releer hoy: contenidos cada vez más cortos, todo limado para no molestar a nadie, y un ruido constante en los oídos que impide quedarse a solas con un pensamiento. Y eso lo escribió un señor en un sótano, pagando diez centavos la media hora.
De la otra gran distopía de su siglo, Un mundo feliz.
Imagen destacada: Ray Bradbury en 1975, fotografía de Alan Light, licencia CC BY 2.0 vía Wikimedia Commons.




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