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Módem analógico externo de 56k con sus luces indicadoras

El módem de 56k: el último escalón de una escalera agotada

Aquel sonido de treinta segundos que hacía el módem al conectar no era un adorno: era una negociación en voz alta entre dos máquinas decidiendo a qué velocidad podían hablar por una línea pensada para transportar voz humana. Y el 56k fue el último escalón antes de que esa línea se quedara sin más que dar.

En corto. El 56k no era simétrico ni llegaba a 56: bajaba hasta unos 53 por norma legal y subía bastante menos. Su truco consistía en aprovechar que un extremo de la conversación ya era digital.

Ficha técnica del módem de 56k

Norma

V.90 en 1998, tras una guerra de formatos

Antes

X2 y K56flex, incompatibles entre sí

Velocidad de bajada

Hasta 56 kbit/s teóricos

Límite real

Unos 53 kbit/s por norma en Estados Unidos

Velocidad de subida

Mucho menor, hasta que llegó V.92

Requisito

Que el otro extremo fuera digital

Final

La banda ancha lo jubiló en pocos años

Por qué el sonido

El módem convierte datos en tonos audibles porque la línea telefónica sólo sabe transportar sonido. Al conectar, los dos extremos se mandan tonos de prueba para medir el estado de la línea: cuánto ruido hay, qué frecuencias pasan bien, cuánto eco.

Con esa medición acuerdan una velocidad y un esquema de modulación, y entonces el altavoz se apaga. Todo lo que se oye es literalmente el diagnóstico de la línea hecho en voz alta.

  1. El tono inicial. Uno llama, el otro contesta con su portadora.
  2. La medición. Se mandan tonos de prueba y escuchan la respuesta.
  3. El acuerdo. Velocidad y modulación que la línea aguanta.
  4. El silencio. Se apaga el altavoz y empieza la conexión.

El truco del 56k

Durante décadas se creyó que una línea telefónica no podía pasar de unos 35 kbit/s por un límite físico conocido. El 56k rompió esa barrera con una observación: en la central, la señal ya viaja digitalizada.

Si el servidor está conectado directamente a la red digital, la conversión analógica sólo ocurre en un sentido, en el tramo final hasta tu casa. Aprovechando eso se podía bajar más deprisa de lo que la teoría permitía. Subir, no: ahí seguían las dos conversiones.

Bajada

  • Un solo paso a analógico.
  • Hasta 53 kbit/s en la práctica.
  • Depende de la calidad del último tramo.
  • Es donde estaba todo el argumento.

Subida

  • Dos conversiones completas.
  • Unos 33 kbit/s hasta V.92.
  • El límite teórico de siempre.
  • Y por eso enviar un correo con adjunto era una tarde.

La guerra de formatos

Antes de que existiera una norma, dos bandos vendieron módems de 56k incompatibles: uno impulsado por US Robotics y otro por Rockwell y Lucent. Comprar el módem equivocado significaba no poder conectar a la velocidad prometida con tu proveedor.

Muchos fabricantes vendieron equipos actualizables por programa, y la norma común llegó en 1998. Es uno de los últimos episodios en que el consumidor tuvo que apostar por un bando antes de que hubiera estándar.

El detalle legal. En Estados Unidos, la norma sobre potencia máxima en la línea telefónica limitaba la velocidad efectiva a unos 53 kbit/s. Es decir: la cifra que ponía en la caja no era alcanzable por ley, no por tecnología.

Lo que significó el final

Con el 56k se agotó lo que se podía sacar de un par de cobre usando la banda de voz. Todo lo que vino después —ADSL y sucesores— dejó de comportarse como una llamada telefónica y empezó a usar frecuencias por encima de la voz.

Eso cambió dos cosas para el usuario: la conexión dejó de ocupar la línea y dejó de cobrarse por minuto. Suena menor y fue probablemente el cambio cultural más grande de la década.

  • El sonido de conexión es una negociación, no un adorno.
  • El 56k funciona porque un extremo ya era digital.
  • Nunca fue simétrico: subir iba mucho más lento.
  • Y el límite de 53 kbit/s era legal, no técnico.

Preguntas frecuentes

¿Qué era ese sonido al conectar?

La negociación entre los dos módems: se mandan tonos de prueba para medir el ruido y las frecuencias que pasan bien por la línea, y con eso acuerdan la velocidad. Después el altavoz se apaga.

¿Por qué nunca llegaba a 56?

Por dos motivos. En Estados Unidos, una norma sobre potencia en la línea limitaba la velocidad a unos 53 kbit/s. Y además dependía de la calidad del tramo final hasta cada casa.

¿Por qué se subía más lento que se bajaba?

Porque el truco del 56k consiste en que sólo hay una conversión a analógico, en el tramo final. Al subir hay dos conversiones completas, y ahí sigue rigiendo el límite teórico de siempre.

¿Qué cambió con la banda ancha?

Que dejó de comportarse como una llamada: usa frecuencias por encima de la voz, así que no ocupa la línea ni se cobra por minuto. Ése fue el cambio de verdad.

Veredicto: el último escalón de una escalera agotada

El 56k es una obra de ingenio considerable: sacar más de lo que la teoría permitía aprovechando un detalle de cómo estaba construida la red. Y es también el punto donde esa vía se acabó.

Todo lo que vino después dejó de fingir que era una llamada de teléfono. Con eso desapareció el sonido, el ocupado y la factura por minutos, que es lo que la gente recuerda de verdad.


De cómo se conectaba esto mismo veinte años antes, el acoplador acústico. Y de la red que hizo todo esto sin internet, el Minitel.

Imagen destacada: módem analógico de 56k, fotografía de Digitalsignal, licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons.

Thalvas Von Wierhem

Thalvas Von Wierhem (Neue Franzforkt, 2184) tiene una obsesión sana por el rendimiento. Desde que era niño, se dedicó a desmontar ordenadores para comprender cada uno de sus componentes y exprimirlos al máximo. Es un trasteador nato, no hay tornillo que se le resista.

Su conocimiento profundo del hardware y su curiosidad ilimitada son esenciales para Criticabits. Su capacidad para explicar cosas complejas de una forma amena y divertida lo hacen un comunicador excepcional.

Thalvas se encarga de elaborar análisis detallados y honestos de tarjetas gráficas, procesadores, sistemas de refrigeración y todo tipo de periféricos.

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