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Godzilla entre los escombros de Tokio en una fotografía de producción de 1954

Godzilla (1954): una película sobre la bomba con un monstruo dentro

En marzo de 1954, un pesquero japonés quedó cubierto de ceniza radiactiva tras una prueba nuclear estadounidense en el Pacífico. En noviembre de ese mismo año se estrenó una película sobre un animal enorme que sale del mar y arrasa Tokio. No es una coincidencia y la película no disimula.

En corto. La original japonesa no es una película de monstruos con moraleja: es una película sobre la bomba con un monstruo dentro. La versión americana de 1956 le quitó casi todo eso y le metió un periodista.

Ficha técnica de Godzilla

Título original

Gojira

Dirección

Ishirō Honda

Estreno

3 de noviembre de 1954

Efectos especiales

Eiji Tsuburaya

Música

Akira Ifukube

Dentro del traje

Haruo Nakajima

Versión americana

1956, remontada y con escenas nuevas

De dónde sale

El detonante concreto fue el incidente del Daigo Fukuryū Maru, un pesquero que faenaba cerca del atolón de Bikini cuando Estados Unidos hizo estallar allí una bomba termonuclear. La tripulación volvió enferma y el pescado contaminado llegó a los mercados japoneses.

Nueve años después de Hiroshima y Nagasaki, aquello reabrió una herida que no se había cerrado. Honda rodó la película con eso encima de la mesa, no como metáfora lejana.

Dónde se nota. En una escena, una madre abraza a sus hijos entre los escombros y les dice que van a reunirse pronto con su padre. En otra, un tren lleno de gente comenta que acaban de sobrevivir a Nagasaki. Esas frases no están en el montaje americano.

Dos trajes de Godzilla de épocas distintas, uno al lado del otro
Dos trajes de Godzilla de épocas distintas, uno al lado del otro. Foto: Toho Scope from Arlington, TX, U.S.A. (CC BY-SA 2.0, Wikimedia Commons).

El traje, que pesaba lo que pesaba

Tsuburaya quería hacerlo con animación fotograma a fotograma, al estilo de King Kong. No había tiempo ni presupuesto, así que se optó por meter a un hombre dentro de un traje y rodarlo a alta velocidad para que al proyectarlo a ritmo normal todo pareciera más pesado y más grande.

Esa decisión, tomada por falta de medios, fundó un método —el suitmation— que el cine japonés siguió usando durante medio siglo. El traje era de látex y goma, pesaba muchísimo y Nakajima salía de cada toma empapado.

Animación fotograma a fotograma

  • Control total del movimiento.
  • Muy cara y muy lenta.
  • El monstruo se mueve como un animal.
  • Lo que hizo King Kong en 1933.

Traje y maquetas

  • Se rueda en tiempo real.
  • Barata y rápida comparada con la otra.
  • El monstruo se mueve como una persona disfrazada.
  • Lo que hizo el cine japonés durante cincuenta años.

La segunda opción tiene un límite evidente: se nota. Pero también tiene una ventaja que se aprecia poco, y es que la destrucción de las maquetas es real y ocurre delante de la cámara, con su polvo y sus astillas.

El sonido

El rugido no es ningún animal. Es un guante de cuero resinado frotado contra las cuerdas de un contrabajo, tratado después en el estudio. Los pasos son un amplificador golpeado.

Y la partitura de Ifukube, con ese tema de marcha grave que todo el mundo reconoce, hace la mitad del trabajo dramático: cuando suena, la maqueta deja de parecer una maqueta.

Un guante de cuero contra un contrabajo

Material promocional de la secuela de 1955
Material promocional de la secuela de 1955. Foto: Toho (Public domain, Wikimedia Commons).

La versión que vio Occidente

En 1956 se estrenó en Estados Unidos una versión remontada con escenas nuevas rodadas aparte, protagonizadas por un periodista americano que asiste a todo desde la barrera.

El montaje recorta buena parte de las referencias nucleares y del debate moral japonés, y reordena la película para que la siga el personaje nuevo. Funcionó comercialmente y durante décadas fue la única que se pudo ver fuera de Japón.

  1. 1954. Gojira se estrena en Japón. Dura 96 minutos.
  2. 1956. Se estrena la versión americana, con escenas añadidas.
  3. Décadas. La original es casi invisible en Occidente.
  4. 2004. La versión japonesa se reestrena y se edita en condiciones fuera de Japón.

Si alguien dice que Godzilla es una tontería de monstruo gigante, hay bastantes posibilidades de que haya visto la de 1956 y no la de 1954.

Preguntas frecuentes

¿Qué versión hay que ver?

La japonesa de 1954, titulada Gojira. La americana de 1956 añade escenas nuevas con un periodista y recorta buena parte del contenido antinuclear y del debate moral.

¿Cómo se hizo el monstruo?

Con un actor, Haruo Nakajima, dentro de un traje de látex y goma, rodando a alta velocidad sobre maquetas para que al proyectarse a ritmo normal todo pareciera más pesado. Se pensó primero en animación fotograma a fotograma y se descartó por coste.

¿De dónde sale el rugido?

De un guante de cuero resinado frotado contra las cuerdas de un contrabajo, tratado después en el estudio. No es ningún animal grabado.

¿Es una película infantil?

La original, no. Es sombría, muere mucha gente fuera de plano y el final es un dilema moral sin premio. La deriva hacia el público infantil llegó en las secuelas de los años sesenta y setenta.

Veredicto: el monstruo es lo de menos

Gojira aguanta porque debajo del traje de goma hay un país hablando de algo que le había pasado de verdad hacía nueve años. Eso no se puede fingir y se nota en cada escena de hospital.

Vista hoy, los efectos son de 1954 y no hay que defenderlos. Lo que hay que defender es el tono: una película de monstruos que termina sin ganas de celebrar nada.


De otra ciudad arrasada por lo que sus propios habitantes construyeron, Metrópolis.

Imagen destacada: fotografía de producción de Gojira (1954), Toho Company Ltd., dominio público vía Wikimedia Commons.

Arnau San Freda

Arnau San Freda es un crítico incansable, amante de los videojuegos con alma y profundidad. Criado entre píxeles y pergaminos, su pasión por el análisis lo llevó a desmenuzar cada mecánica, cada historia y cada línea de código que conforma una obra maestra del gaming. Con un enfoque detallado y sin concesiones, sus reviews combinan conocimiento, humor y una inmersión total en el arte de los videojuegos.

En Criticabits, su misión es separar lo legendario de lo olvidable, siempre con una pluma afilada y un ojo crítico implacable.

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