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Daguerrotipo de Edgar Allan Poe hacia 1849

Poe: inventó el relato de detectives y se murió sin enterarse

En 1841, un tipo que se moría de hambre en Filadelfia publicó un relato sobre un francés excéntrico que resuelve un crimen imposible usando solo la cabeza. Cobró unos pocos dólares. No sabía que acababa de escribir el manual de un género entero, ni que ciento ochenta años después la mitad de lo que se ve en televisión seguiría copiando esa estructura.

En corto. Poe no inventó el terror, pero sí lo convirtió en psicología en vez de fantasmas. Y de paso inventó el relato de detectives completo, con el investigador genial, el amigo que narra y la solución que estaba delante de tus narices.

Ficha de los relatos de Poe

Autor

Edgar Allan Poe, 1809-1849

El relato fundacional

Los crímenes de la calle Morgue, 1841

Su detective

C. Auguste Dupin

Lo que inventó ahí

El género policiaco entero

Su otro terreno

El terror psicológico

Formato preferido

El relato corto

Reconocimiento en vida

Escaso, y mal pagado

El detective que no existía hasta que lo escribió

Antes de 1841 no había novela policiaca. Había crímenes en la literatura, claro, pero no existía la figura del investigador que reconstruye lo ocurrido razonando a partir de pistas.

Poe lo montó entero en un solo relato: un detective aficionado y brillante, un narrador más torpe que hace de compañero, una policía oficial que se equivoca, un crimen en un cuarto cerrado y una explicación que reordena todo lo que habías leído.

  • DupinEl detective
    Qué aporta
    El razonamiento como espectáculo
    A quién dio lugar
    A Holmes, a Poirot y a todo lo que vino detrás
  • El narrador anónimoEl compañero
    Qué aporta
    Pregunta lo que el lector quiere preguntar
    A quién dio lugar
    A Watson, y a media televisión actual
  • El cuarto cerradoEl enigma
    Qué aporta
    Un imposible que resulta tener explicación
    A quién dio lugar
    A un subgénero entero que sigue produciendo

Conan Doyle lo reconoció sin rodeos: sin Dupin no hay Holmes. Y lo dijo él, no un estudioso posterior.

Edgar Allan Poe hacia 1849, en una restauración moderna del daguerrotipo
Edgar Allan Poe hacia 1849, en una restauración moderna del daguerrotipo. Foto: autor desconocido; restauración de Yann Forget (dominio público, Wikimedia Commons).

El terror, que también cambió de sitio

La otra mitad de su obra hizo algo parecido con el miedo. Antes de Poe, el terror literario vivía en castillos, en fantasmas y en maldiciones familiares.

Poe lo metió dentro de la cabeza del narrador. En sus mejores relatos no hay nada sobrenatural: hay un hombre contándote con mucha calma algo espantoso que ha hecho, y convenciéndote de que está perfectamente cuerdo mientras se le nota que no.

El monstruo dejó de estar al final del pasillo y pasó a estar contándote la historia.

Esa voz —el narrador que no es de fiar y no lo sabe— es hoy un recurso normalísimo. En 1843 era una manera completamente nueva de dar miedo.

La vida, que fue un desastre

Conviene decirlo sin adorno romántico, porque se ha adornado mucho. Poe vivió mal, cobró poco y murió a los cuarenta años en circunstancias que nunca se aclararon del todo.

Trabajó de editor en revistas que quebraban, escribió a destajo por cantidades ridículas y su mayor éxito en vida, El cuervo, lo hizo famoso sin sacarlo de la pobreza. Y el encargado de escribir su obituario fue un enemigo personal, que aprovechó para inventarse buena parte de la leyenda del borracho degenerado que arrastró durante un siglo.

  1. 1809. Nace en Boston. Queda huérfano antes de los tres años.
  2. 1841. Publica Los crímenes de la calle Morgue y funda un género sin enterarse.
  3. 1845. El cuervo lo hace famoso en todo el país y no le arregla la vida.
  4. 1849. Muere en Baltimore a los cuarenta años. Nunca se supo exactamente de qué.
Otro retrato de Poe, del homenaje por el centenario de su nacimiento
Otro retrato de Poe, del homenaje por el centenario de su nacimiento. Foto: Amelia Poe (dominio público, Wikimedia Commons).

Por dónde empezar

Su obra son relatos, así que se puede entrar por cualquier sitio y dejarlo cuando quieras. Eso lo hace ideal para leer a ratos.

Yo empezaría por el lado detectivesco y seguiría por el del terror, porque el contraste entre las dos mitades es la mitad de la gracia: el mismo autor que celebra la razón escribe también sobre gente que la pierde.

  • Los crímenes de la calle Morgue, para ver nacer el género.
  • La carta robada, que es el mismo truco llevado al extremo.
  • El corazón delator, cinco páginas y un narrador que se hunde solo.
  • La caída de la Casa Usher, para el Poe más atmosférico.
  • Todo está en dominio público: no cuesta nada empezar.

Preguntas frecuentes

¿Poe inventó la novela policiaca?

El relato policiaco, sí. Los crímenes de la calle Morgue, de 1841, monta por primera vez el detective genial, el compañero que narra, la policía que se equivoca y el enigma imposible con solución racional. Conan Doyle lo reconoció explícitamente.

¿Por dónde conviene empezar?

Por Los crímenes de la calle Morgue si te interesa el origen del policiaco, o por El corazón delator si quieres ver en cinco páginas lo que hizo con el terror. Son relatos: no hay que comprometerse con nada largo.

¿Qué cambió en el terror?

Lo trasladó de fuera a dentro. En sus mejores relatos no hay nada sobrenatural: hay un narrador que te cuenta con calma algo espantoso mientras insiste en que está cuerdo. El miedo viene de la voz, no de la criatura.

¿Vivió de escribir?

Malamente. Trabajó en revistas que quebraban y cobró cantidades muy pequeñas. Incluso El cuervo, que lo hizo famoso en todo el país, no lo sacó de la pobreza. Murió a los cuarenta años en circunstancias nunca aclaradas.

Veredicto: fundó dos géneros y no llegó a saberlo

Hay autores importantes y hay autores fundacionales. Poe es de los segundos: no escribió la mejor novela policiaca ni el mejor relato de terror, escribió los primeros y dejó el molde hecho para todos los demás.

Y lo hizo en relatos de veinte páginas, cobrando una miseria, mientras la vida se le caía encima. Doscientos años después seguimos usando sus piezas sin acordarnos de quién las puso ahí.


De otro que convirtió el miedo en atmósfera, Frankenstein.

Imagen destacada: daguerrotipo de Edgar Allan Poe hacia 1849, atribuido a Mathew Brady, conservado en los Archivos Nacionales, dominio público vía Wikimedia Commons.

Arnau San Freda

Arnau San Freda escribe de videojuegos, literatura y cine, y es quien decide qué se publica. Le interesa más por qué se tomó una decisión de diseño que cuántos polígonos tenía, y devuelve el borrador cuando el veredicto no se sostiene con lo que hay encima de la mesa.

«Arnau San Freda» es una firma editorial de Crítica Bits, no una persona física: agrupa bajo un mismo criterio los análisis de videojuegos, literatura y cine. De lo que se publica responde Crítica Bits, y cualquier corrección se atiende desde la página de contacto.

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