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Ordenador Commodore Amiga 500 con monitor

The Shadow of The Beast: el infierno más bonito de los 16 bits

¿Un clásico entre clásicos o un despilfarro pixelado con pretensiones de “obra maestra”? Hoy desenterramos The Shadow of The Beast en su versión para Amiga Commodore, un título que fue puro músculo gráfico en su día… pero ¿cuánto hay de bestia y cuánto de sombra? Spoiler: hay vísceras, portadas engañosas, y un giro final que te dejará con cara de Commodore 64 bloqueado.

The Shadow of the Beast
The Shadow of the Beast: cuando los píxeles eran arte… y tortura.

The Shadow of the Beast: músculo gráfico, alma demoníaca

Lanzado en 1989 por la gente de Reflections Interactive (sí, los mismos que luego parirían Destruction Derby), y publicado por Psygnosis (la editorial con las portadas más metaleras de los 80), Shadow of the Beast fue diseñado desde cero para dejarte con la mandíbula colgando. Literalmente. Su carta de presentación: 13 capas de scroll parallax que hacían llorar de envidia a las Mega Drive de la época.

El argumento: niños secuestrados y bestias vengativas

La historia comienza con nuestro protagonista, Aarbron, secuestrado de niño y transformado en un monstruo al servicio de un oscuro señor demoníaco llamado Maletoth. Un día, la bestia despierta recuerdos de su infancia humana tras presenciar la ejecución de su padre… y se desata la carnicería. Todo el juego es un viaje psicodélico lleno de enemigos biomecánicos, plataformas traicioneras y música que te deja medio hipnotizado.

Otras versiones: downgrade en vena

Si lo jugaste en Atari ST, Mega Drive o TurboGrafx-CD… lo sentimos. Ninguna iguala el orgasmo visual de la versión Amiga. La de Master System directamente da vergüenza ajena (lo sentimos, SEGA lovers). Eso sí, la versión de Lynx es sorprendentemente decente.

Gráficos y sonido: orgía técnica en 16 bits

Con diseño artístico a lo H.R. Giger pero en modo “yo me lo guiso, yo me lo programo”, los gráficos de Beast eran una locura. Colores saturados, enemigos mutantes, árboles que sangran… cada pantalla es como un vinilo de Iron Maiden pasado por ácido. Y la música… oh, la música. Compuesta por David Whittaker, es atmosférica, inquietante, y suena como si Jean-Michel Jarre hubiera tenido una resaca infernal.

Captura de Shadow of the Beast: el protagonista camina junto a una garra de piedra gigante bajo un cielo en capas
Cada una de esas capas de fondo se mueve… sí, 13 en total. Locura pura.

Jugabilidad: sí, pero…

Vamos a decirlo claro: Beast es un juego difícil hasta la crueldad. No hay vidas infinitas, no hay piedad. La detección de colisiones es tan exigente que podrías llorar. ¿Saltos precisos? ¡JA! Más bien saltos que dependen de la alineación de los planetas. Pero eh, al menos cada vez que mueres, lo haces rodeado de belleza visual.

Easter eggs y curiosidades

  • El nombre «Aarbron» se convirtió en un pequeño mito de culto entre fans de Psygnosis.
  • El juego fue tan pesado que necesitaba dos disquetes… ¡y ni siquiera tenía guardado!
  • Algunos elementos del arte original se pintaron a mano y luego se digitalizaron píxel a píxel.
  • El juego fue relanzado como remake en PS4 en 2016, pero no tuvo el mismo impacto.

Final del juego (spoiler alert)

Después de horas de sufrimiento, plataformas imposibles y enemigos cabreadísimos, Aarbron logra llegar hasta Maletoth. Pero en lugar de una pelea épica… ¡pum! Se revela que el auténtico Maletoth no está presente. Solo queda una especie de esbirro final que cae sin demasiada gloria. El juego termina con Aarbron mirando el horizonte, convertido aún en bestia, reflexionando sobre su existencia. Vamos, final nihilista con aroma a tragedia griega.

¿Redención? ¿Venganza? ¿Un reinicio? Aarbron se queda con cara de “yo solo quería un bocata”.

Creadores: Reflections y el arte del sufrimiento visual

Martin Edmondson y Paul Howarth fueron los cerebros detrás del proyecto. Un dúo británico que en los 90 revolucionó la escena de videojuegos para microordenadores. Después de Beast, fundaron lo que sería luego parte de Ubisoft Reflections. Sin ellos, títulos como Driver o Destruction Derby no existirían.

¿Bestia o belleza?

«Shadow of the Beast es como ese colega musculado del gimnasio: visualmente impresionante, pero con poca profundidad emocional.»

Lo ames o lo odies, The Shadow of The Beast marcó época. Fue uno de los juegos más bellos y frustrantes jamás paridos para el Amiga, y una demostración de lo que se podía hacer cuando se exprimía el hardware hasta el último byte. ¿Volveríamos a jugarlo hoy? Solo si nos pagas con vidas extra.

Gameplay recomendado

Para ver con tus propios ojos por qué The Shadow of the Beast fue una leyenda… y una pesadilla.

Tabla comparativa: Amiga vs. otras versiones

PlataformaGráficosSonidoJugabilidadVeredicto
AmigaExcelentesÉpicoBrutalmente difícilLa versión definitiva
Atari STCorrectosMehIgual de cruelSolo si no tienes Amiga
Mega DriveBuen intentoMuy decenteAlgo más suaveUn port digno
TurboGrafx-CDAceptableMuy buena OSTMás accesibleCurioso, pero opcional
Master System¿Eso es Beast?TristeMal portOlvida que existe

Extra: influencias y legado

Muchos ven en The Shadow of the Beast una obra adelantada a su tiempo. Influencias claras de Clive Barker, de H.P. Lovecraft (ese rollo de “seres que no entiendes pero te aplastan igual”) y estética de carátula de álbum de death metal. Su legado vive en títulos como Limbo, Blasphemous o incluso Ori and the Blind Forest, donde se mezcla ambientación poética con jugabilidad cabrona.

Portada del videojuego Shadow of the Beast con la criatura protagonista
El remake de PS4 tenía corazón, pero no sangre suficiente.

Pavel dice…

¿Te atreverías a jugarlo hoy? ¿O ya te da vértigo solo con ver las capturas? Deja tu comentario y cuéntanos si sobreviviste al infierno pixelado más bonito de los 16 bits.

Veredicto: ¿vale la pena hoy?

Si te gustan los retos extremos, las atmósferas densas y los gráficos retro que aún impresionan, SÍ. Pero si prefieres juegos con checkpoints, tutoriales y cosas como… diversión sin frustración, huye. The Shadow of the Beast no perdona. Pero vaya si impresiona.

Si esa clase de atmósfera opresiva te va, en Transarctica tienes otro viaje sin concesiones por un mundo helado, esta vez sobre raíles.

“The Shadow of The Beast no era solo un juego, era un grito técnico de guerra en los 80. ¿Jugabilidad? Cuestionable. ¿Estética? Monumental. ¿Dificultad? A prueba de mancos. Y aun así, tiene un sitio en mi corazoncito de jugón nostálgico, justo entre Flashback y Another World. Y si no lo entiendes… será que no sufriste lo suficiente.”

Enlaces de interés

En el Amiga compartía escaparate con Turrican II y, dos años después, con Another World, que en vez de enseñar músculo lo esconde. Del ordenador que lo precedió hablamos en Commodore 64, y de plataformas, en Commander Keen.

Imagen destacada (de contexto): un Commodore Amiga 500, la máquina de Shadow of the Beast, fotografía de Thomas Vogt, licencia CC BY 4.0 vía Wikimedia Commons.

Pavel Krazinsky

Pavel Krazinsky firma los análisis de componentes de PC, hardware y dispositivos. Datos primero e interpretación después; desconfía de cualquier porcentaje sin la cifra absoluta al lado y, cuando algo no lo ha medido, lo dice.

«Pavel Krazinsky» es una firma editorial de Crítica Bits, no una persona física: agrupa bajo un mismo criterio los análisis de componentes, hardware y dispositivos. De lo que se publica responde Crítica Bits, y cualquier corrección se atiende desde la página de contacto.

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1 comentario

  • que bonito era y que mal lo pase. me moria en el primer minuto siempre jajaja pero el arte era otro nivel para lo que habia entonces

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