Ah, Jack the Nipper. Pocos videojuegos de los ochenta quemaron tanta inocencia como este. Imagínate: años 80, un Spectrum, y tú frente a la pantalla, sin saber que estabas a punto de encarnar a uno de los personajes más políticamente incorrectos de la historia de los videojuegos. Y es que Jack no es un héroe. Ni siquiera un antihéroe. Jack es… el maldito demonio en pañales.
¿De qué va este juegazo?
Jack the Nipper es una aventura de plataformas de 1986, desarrollada y publicada por Gremlin Graphics; en Spectrum lo hizo casi entero Greg Holmes (ficha en Spectrum Computing). Controlas a Jack, un bebé cuya única misión es ser el niño más travieso del barrio. ¿Cómo? Rompiendo cosas, molestando a la gente y sembrando el caos cual Gremlin hiperglucémico.
Tu objetivo: hacer el máximo número de diabluras antes de que te pillen tus padres o la gente cabreada del pueblo. Sí, has leído bien: no salvas princesas, no matas dragones, no disparas aliens. ¡Aquí el objetivo es portarse mal! Y madre mía, qué bien se siente.
Mecánicas simples, caos absoluto
El juego mezcla plataformas y puzzle. Jack recorre pantallas interconectadas y recoge objetos (desde una cerbatana de guisantes hasta pegamento o herbicida) para hacer diabluras. Cada travesura sube el “Naughtyometer” (el maldadómetro). Si te pillan, te llevas una azotaina y sube tu “Nappy Rash” (rozadura del pañal); cuando se llena, pierdes una de tus cinco vidas.
“Jack no es solo un píxel maleducado; es la encarnación de todos nuestros impulsos infantiles reprimidos.”
Curiosidades que (quizá) no sabías
- La prensa de la época lo comparó con Dennis the Menace, pero el modelo fue otro: Sweeny Toddler, el bebé gamberro de Leo Baxendale en los tebeos Whoopee! y Whizzer and Chips. Lo contó el propio Greg Holmes en Retro Gamer (nº 127, 2014) y lo recoge Mark Hardisty en Bitmap Books.
- Su creador, Greg Holmes, lo ideó mientras trabajaba de noche en Barrow-in-Furness, harto de que los protagonistas de los juegos fueran siempre héroes. Según contó en esa entrevista, Gremlin fue la última editora a la que lo enseñó.
- Una de las travesuras ocurre en Just Micro, la tienda de ordenadores de Ian Stewart y Kevin Norburn, los fundadores de Gremlin.
- El juego tuvo una secuela en 1987, Jack the Nipper II: In Coconut Capers: la familia se muda a Australia, Jack salta del avión con el pañal de paracaídas y cae en la selva. Sí, no preguntes.
- Para ganar hay que completar una veintena de travesuras y llevar el maldadómetro al 100 %, como explicaba Crash en su número 30 (julio de 1986), que le dio un 93 % y su sello Crash Smash. Y ya. Sin moraleja.

¿Por qué este juego fue tan rompedor?
Porque en los 80 los videojuegos aún estaban atados a estéticas inocentes o fantasiosas. Jack the Nipper fue una sátira descarada de la infancia. Un videojuego que nos ponía en el pellejo del gamberro que todos hemos llevado dentro alguna vez. No había objetivos épicos, no había enemigos finales. Solo tú y tu capacidad de liar parda.
Veredicto
Jack the Nipper es, ante todo, un manifiesto del caos infantil. Con su humor irreverente, gráficos coloridos (para su época) y una jugabilidad sorprendentemente adictiva, merece su lugar entre los grandes clásicos de los 8 bits. ¿Es políticamente incorrecto? Sí. ¿Por eso mismo lo amamos? También.
¿Te atreves a volver a la infancia más gamberra? Descárgalo, emúlalo o consíguelo en su versión original… y recuerda: no intentes esto en casa.
La máquina que lo movía la contamos en ZX Spectrum. Para plataformas de la misma época, Commander Keen y The Shadow of The Beast.
Imagen destacada (de contexto): una cinta de ZX Spectrum, el formato en que se vendía Jack the Nipper, fotografía de Nico Kaiser, licencia CC BY 2.0 vía Wikimedia Commons.




Ahora
te toca.
Una opinión, una réplica, otra forma de verlo. La conversación empieza contigo.