Un matemático calcula que el imperio galáctico va a caer y que después vienen treinta mil años de barbarie. No puede evitar la caída —eso ya está decidido— pero sí puede acortar el desastre a mil años si alguien hace las cosas correctas en los momentos correctos. Toda la serie es el plan de ese hombre ejecutándose siglos después de su muerte.
En corto. Ciencia ficción sin batallas y casi sin acción: las crisis se resuelven con política, comercio y religión. Envejecida en algunas cosas y sorprendentemente actual en otras, sobre todo en la idea de que el futuro se puede modelar con estadística.
Ficha técnica de Fundación
Autor
Isaac Asimov
Origen
Relatos publicados en Astounding entre 1942 y 1950
En libro
1951
La idea central
La psicohistoria: estadística aplicada a masas humanas
Su creador en la ficción
Hari Seldon
Modelo histórico
La caída del Imperio romano
Batallas espaciales
Prácticamente ninguna
La idea que lo sostiene todo
La psicohistoria parte de una analogía con la física de gases: no puedes predecir qué hará una molécula concreta, pero sí puedes predecir con enorme precisión el comportamiento de un volumen entero de gas.
Seldon aplica lo mismo a la humanidad. Un individuo es impredecible; unos cuantos cuatrillones de individuos, no tanto. Con suficientes datos, el curso general de la historia se puede calcular, y con pequeños empujones en los momentos adecuados, desviar.
La condición que Asimov pone, y que importa. Para que la psicohistoria funcione hacen falta dos cosas: que la población sea suficientemente grande y que nadie conozca las predicciones. Si la gente sabe lo que va a pasar, cambia su conducta y el cálculo se rompe. La segunda condición es la que sostiene media trama.
Es un buen ejemplo de idea de ciencia ficción que funciona porque el autor se molesta en ponerle límites en vez de hacerla omnipotente.

Qué la hace especial
Que resuelve sus conflictos sin violencia y casi sin protagonistas fijos. Cada crisis la afronta una generación distinta, y la solución nunca es una batalla: es una jugada comercial, un movimiento religioso o una maniobra diplomática.
Eso, en las revistas de los años cuarenta —llenas de héroes con pistola de rayos—, era casi una provocación. Asimov dijo muchas veces que le aburrían las peleas y prefería escribir conversaciones, y aquí se nota en cada capítulo.
- La primera crisis. Se resuelve con política, jugando con las ambiciones de los vecinos.
- La segunda. Con religión: la tecnología disfrazada de culto.
- La tercera. Con comercio: quien controla el suministro controla la situación.
- Y después. Con algo que rompe el plan, porque si no, no habría novela.
Lo que ha envejecido
Hay que decirlo, porque se nota desde la primera página: los personajes son funciones más que personas, las mujeres brillan por su ausencia en los primeros relatos y el estilo es utilitario hasta el hueso.
Asimov escribía para que se entendiera la idea, no para que la frase fuera bonita. Si lo que buscas en un libro es prosa, éste no es tu sitio y no hay que fingir lo contrario.
Lo que sigue funcionando
- La idea central, que da para pensar semanas.
- La estructura de crisis sucesivas.
- El humor seco, que lo tiene.
- La ambición de escala: mil años en un libro.
Lo que ha envejecido
- Personajes sin interior.
- Ausencia casi total de mujeres.
- Prosa funcional y sin adornos.
- Y un futuro con ceniceros y periódicos de papel.
Lo de los ceniceros no es una broma: el futuro de Asimov tiene naves galácticas y nadie ha inventado el ordenador personal. Eso, más que un defecto, es un recordatorio de lo difícil que es acertar en lo próximo.

Por qué sigue leíndose
Porque la idea de fondo no ha dejado de ganar actualidad. Predecir el comportamiento de masas a partir de datos era ciencia ficción en 1942 y hoy es un sector económico.
Y porque plantea una pregunta que sigue sin respuesta: si alguien pudiera predecir el curso de la historia, ¿tendría derecho a empujarla? Seldon decide que sí, y la serie entera es el desarrollo de esa decisión.
- Empieza por el primer libro y no por las precuelas.
- Son relatos enlazados: se puede leer a ratos.
- No esperes personajes; espera ideas.
- Y fíjate en cuántas crisis se resuelven hablando.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la psicohistoria?
Una ciencia ficticia que aplica la estadística a poblaciones enormes: no predice qué hará una persona, sino hacia dónde se mueve la humanidad entera. Necesita una población muy grande y que nadie conozca las predicciones.
¿Por qué casi no hay batallas?
Porque a Asimov le aburrían. Prefería resolver los conflictos con política, comercio y religión, y lo dijo muchas veces. En las revistas de los años cuarenta, llenas de pistolas de rayos, eso era casi una rareza.
¿En qué orden hay que leerla?
En el de publicación, empezando por el primer libro de 1951. Asimov escribió después precuelas y continuaciones, pero entrar por ellas estropea el efecto de las crisis, que es lo mejor que tiene la serie.
¿Ha envejecido mal?
En los personajes y en el estilo, bastante: son funciones más que personas y la prosa es puramente utilitaria. En la idea central, al contrario: predecir comportamientos de masas con datos era fantasía en 1942 y hoy es un sector económico.
Veredicto: una idea enorme sostenida por personajes de cartón
Fundación es el ejemplo perfecto de libro que se lee por lo que propone y no por cómo está escrito. Los personajes no importan, la prosa no brilla y aun así lleva setenta y cinco años sin salir de las estanterías.
La razón es que su idea central era demasiado buena: que el futuro colectivo se puede calcular. Asimov la escribió mirando la caída de Roma y hoy se lee mirando cualquier empresa que vive de predecir lo que va a hacer mucha gente a la vez.
De otra obra que se lee por sus ideas antes que por su prosa, En las montañas de la locura.
Imagen destacada: retrato de Isaac Asimov, fotografía de Phillip Leonian, dominio público vía Wikimedia Commons.




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