Era cuadrado, negro, medía trece centímetros y medio de lado y se doblaba de verdad: por eso se llamaba floppy. Cabían trescientos sesenta kilobytes, que en 1984 era un montón y hoy no llega para una foto del móvil. Durante quince años, todo lo que alguien quisiera llevarse de un ordenador a otro pasó por uno de éstos.
En corto. El formato que enseñó a la informática doméstica lo que era mover un archivo. Frágil, ruidoso y lento, y aun así sostuvo quince años de software, copias de seguridad y préstamos entre amigos con el rotulador encima.
Ficha técnica del disquete de 5¼
Aparición
1976, de la mano de Shugart
Tamaño
5,25 pulgadas de lado
Capacidad inicial
110 KB
Capacidad habitual
360 KB de doble densidad
Alta densidad
1,2 MB, desde 1984
Protección de escritura
Una muesca que había que TAPAR
Lo sustituyó
El disquete de 3½, rígido
Qué era
Un disco magnético flexible metido en una funda de plástico fino, con una ranura alargada por la que el cabezal leía y una muesca cuadrada en un lateral.
Se doblaba. Esto hoy cuesta explicarlo, porque quien conoció los disquetes conoció los de tres pulgadas y media, que eran rígidos. Los de cinco y cuarto eran literalmente flexibles: si lo dejabas en la mochila con un libro encima, lo perdías.
- 1976Año del formato
- 360 KBCapacidad habitual
- 1,2 MBAlta densidad, desde 1984
- 13,3Centímetros de lado
Y esa muesca del lateral tenía truco, del que hablo más abajo, porque es la prueba de que lo intuitivo y lo lógico casi nunca coinciden.
La muesca al revés
Para impedir que un disquete de 5¼ se pudiera escribir, había que tapar la muesca con una pegatina. Sin pegatina, se podía escribir.
En los de 3½ que vinieron después, la lógica es la contraria: hay una pestañita que abre un agujero, y con el agujero abierto el disco está protegido.
Disquete de 5¼
- Muesca tapada: protegido.
- Muesca libre: se puede escribir.
- La protección la pones tú, con una pegatina.
- Si se te cae la pegatina, adiós protección.
Disquete de 3½
- Agujero abierto: protegido.
- Agujero tapado: se puede escribir.
- La protección va integrada en la carcasa.
- Exactamente al revés que el anterior.
Dos formatos consecutivos, del mismo sector, con la lógica invertida. Está el patio como para fiarse de que algo sea intuitivo sólo porque a alguien se lo pareciera.
Por qué importó
Antes del disquete, el ordenador doméstico guardaba en cinta de casete: lento, secuencial y sin manera de ir directamente a un archivo concreto. El disquete trajo el acceso directo, y con él la idea de tener un montón de cosas y elegir una.
Trajo también, de paso, toda la cultura del préstamo. Un disquete con el rotulador encima pasaba de mano en mano por un instituto entero, y ahí está el origen de media industria: la que se quejaba de las copias y la que aprendió a distribuir gratis para vender después.
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El mensaje que salía cuando el disquete se había doblado, mojado, acercado a un altavoz o simplemente cansado. No había segunda copia porque nadie hacía segundas copias.
De toda la vida: la copia de seguridad es eso que se empieza a hacer justo después de haber perdido algo importante.
Legado
El formato murió a mediados de los noventa, sustituido por el de tres pulgadas y media, que a su vez murió a manos del CD y luego de la memoria USB.
Pero dejó una herencia que sigue en tu pantalla ahora mismo: el icono de guardar. Un dibujo de un disquete de 3½ que millones de personas pulsan cada día sin haber visto uno en su vida.
- Casete. Lento y secuencial. Para llegar al archivo cinco había que pasar por los cuatro anteriores.
- Disquete de 5¼. Acceso directo, y con él la idea de tener una biblioteca y elegir.
- Disquete de 3½. Rígido, más fiable y con la protección integrada. Y el icono que aún usamos.
- CD y memoria USB. Y la cadena sigue, con el mismo problema de siempre: nadie hace copias.
Preguntas frecuentes
¿Por qué se llamaba floppy?
Porque se doblaba de verdad. El disco magnético iba en una funda de plástico fino y flexible, así que un libro encima en la mochila podía estropearlo. Los de 3½ que vinieron después ya eran rígidos, aunque heredaron el nombre.
¿Cuánto cabía en uno?
Al principio 110 KB. Lo habitual durante años fueron 360 KB de doble densidad, y desde 1984 existió la alta densidad de 1,2 MB. Para hacerse una idea: una sola foto de un móvil actual no cabría en ninguno de los tres.
¿Cómo se protegía contra escritura?
Tapando con una pegatina la muesca del lateral. Es justo al revés que en los disquetes de 3½ posteriores, donde la protección se activa abriendo un agujero. Dos formatos seguidos, del mismo sector, con la lógica invertida.
¿Por qué el icono de guardar sigue siendo un disquete?
Por pura inercia visual: cuando se fijó el icono, todo el mundo sabía lo que era. Hoy lo pulsan a diario millones de personas que no han visto uno nunca, y sigue funcionando porque el símbolo ya no significa el objeto, significa la acción.
Veredicto: el formato que enseñó a mover archivos
El disquete de cinco y cuarto no era fiable, ni rápido, ni grande. Lo que era es el primer sitio donde un usuario normal podía tener muchas cosas guardadas y coger una concreta sin esperar cuatro minutos.
Esa idea —una biblioteca de archivos y acceso directo a cualquiera— es la base de todo lo que vino detrás. Y la otra herencia, la de no hacer copias de seguridad hasta que pasa algo, también sigue tan viva como entonces.
Se doblaba. Por eso se llamaba floppy
De la época en que todo cargaba de cinta, el Amstrad CPC 464 y el Commodore 64.
Imagen destacada: «1986 year. 5¼-inch floppy disks», de Dmitry Makeev, licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons.




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