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Cartucho Iomega Zip de 100 MB sujeto en la mano

Iomega Zip: no lo mató el fallo, lo mató negarlo

Cien megas en un cartucho poco más grueso que un disquete, cuando un disquete guardaba uno y medio. En 1994 eso parecía resolver el problema de una vez: por fin podías llevarte un proyecto entero en el bolsillo. Y entonces, un día, la unidad empezaba a hacer clic. Clic. Clic. Y ahí se acababa el proyecto.

En corto. El formato que iba a sustituir al disquete y que se hundió por un fallo mecánico con nombre propio: el clic de la muerte. Buena idea, mala ejecución y una gestión del problema que acabó en demanda colectiva.

Ficha técnica del Iomega Zip

Lanzamiento

1994

Fabricante

Iomega

Capacidad inicial

100 MB

Comparación

Unas 70 veces un disquete de 1,44 MB

Hermano mayor

Jaz, desde finales de 1995, con 1 GB

El fallo

El llamado clic de la muerte

Demanda colectiva

Septiembre de 1998

Qué era

Un cartucho rígido con un disco magnético dentro y una unidad lectora que se conectaba al ordenador. La idea era sencilla: el disquete se había quedado pequeño y aquí tenías setenta veces más espacio en algo que seguía cabiendo en un bolsillo.

Y funcionó. Durante la segunda mitad de los noventa el Zip fue el formato de quien movía cosas grandes: imprentas, estudios de diseño, gente montando vídeo, universidades.

  • 1994Año de salida
  • 100 MBCapacidad inicial
  • 70Disquetes que sustituía
  • 1998Año de la demanda

Llegó justo en el hueco: el disquete ya no servía y el CD grabable todavía era caro y lento. Ese hueco duró unos cinco años y el Zip lo ocupó entero.

El clic de la muerte

Y entonces apareció el fallo. En algunas unidades, el cabezal de lectura se desalineaba y empezaba a intentar colocarse una y otra vez, produciendo un clic rítmico inconfundible.

Lo grave no era la unidad, que se podía sustituir. Lo grave es que una unidad averiada podía estropear el cartucho que le metieras, y ese cartucho estropeado podía a su vez dañar la siguiente unidad donde lo probaras. El fallo se contagiaba.

Click. Click. Click.
Guru Meditation #0000000C.HEADMISALIGNED

El cabezal intenta colocarse, falla, se reinicia y vuelve a intentarlo. Cada clic es un intento. Y cada intento en una unidad averiada podía llevarse por delante el cartucho, que luego infectaba la siguiente unidad.

Imagínate la escena en un estudio de diseño: alguien trae su cartucho, lo prueba en tres ordenadores buscando uno que lo lea, y acaba con cuatro unidades muertas y el trabajo perdido. Menudo percal.

Cómo se gestionó, que es lo peor

Iomega tardó en reconocer el alcance del problema y durante un tiempo lo trató como casos aislados. En septiembre de 1998 acabó en demanda colectiva por fraude al consumidor.

Y ahí está la parte que sigue siendo actual: el fallo técnico se puede perdonar, porque el hardware falla. Lo que no se perdona es que te digan durante meses que el problema no existe mientras el foro de soporte se llena de gente con el mismo clic.

  1. Un fallo de fabricación. Le pasa a cualquiera. Se reconoce, se cambia y no pasa nada.
  2. Un fallo que destruye datos. Ya es más serio: lo que se pierde no se repone con una unidad nueva.
  3. Un fallo que se contagia. Aquí hay que avisar rápido, porque el usuario lo está propagando sin saberlo.
  4. Negarlo durante meses. Y aquí se pierde el producto, la marca y el pleito.

A mí me lo van a contar: un cuarto de siglo después seguimos viendo la misma secuencia cada pocos meses, con otro logotipo.

Legado

El Zip murió aplastado por dos cosas a la vez: su propia reputación y la llegada del CD grabable barato, primero, y de la memoria USB después.

Lo que queda es una lección de gestión más que de ingeniería. La idea era buena, el hueco de mercado era real y la ejecución tenía un defecto corregible. Lo que no tenía arreglo era haber gastado la confianza antes de arreglarlo.

  • Un hueco real: el disquete pequeño y el CD todavía caro.
  • Cien megas en el bolsillo, cuando eso era muchísimo.
  • Un fallo mecánico que además se contagiaba entre unidades.
  • Y una empresa que tardó demasiado en admitirlo.

Preguntas frecuentes

¿Qué era el clic de la muerte?

Un fallo mecánico por el que el cabezal de lectura se desalineaba e intentaba colocarse una y otra vez, con un clic rítmico característico. La unidad averiada podía dañar el cartucho, y ese cartucho dañar después otras unidades.

¿Cuánto guardaba un cartucho?

El modelo original, 100 MB, cuando un disquete de 3½ guardaba 1,44 MB. Después llegaron versiones de más capacidad, y el hermano mayor, el Jaz, empezó en 1 GB a finales de 1995 y llegó a 2 GB en 1998.

¿Hubo consecuencias legales?

Sí. En septiembre de 1998 se presentó una demanda colectiva contra Iomega por fraude al consumidor, después de que miles de usuarios reclamaran por el mismo fallo y la empresa tardara en reconocer su alcance.

¿Por qué desapareció el formato?

Por la suma de dos cosas: la reputación dañada por el fallo y su gestión, y la llegada del CD grabable barato primero y de la memoria USB después, que ofrecían más capacidad por mucho menos dinero y sin piezas móviles.

Veredicto: no lo mató el fallo, lo mató negarlo

El Zip resolvía un problema real en el momento exacto en que la gente lo tenía, y durante cinco años fue la respuesta correcta para cualquiera que moviera archivos grandes.

Tenía un defecto de fabricación serio, del tipo que le pasa a cualquier producto mecánico. Lo que lo hundió no fue el defecto: fue el tiempo que se tardó en admitirlo, mientras los usuarios se contagiaban el fallo entre ellos sin saberlo.

El fallo se perdona; negarlo, no

Del formato al que vino a sustituir, el disquete de 5¼.


Imagen destacada: «Cartucho Iomega Zip 100», de Koffermejia, dominio público (CC0) vía Wikimedia Commons.

Thalvas Von Wierhem

Thalvas Von Wierhem (Neue Franzforkt, 2184) tiene una obsesión sana por el rendimiento. Desde que era niño, se dedicó a desmontar ordenadores para comprender cada uno de sus componentes y exprimirlos al máximo. Es un trasteador nato, no hay tornillo que se le resista.

Su conocimiento profundo del hardware y su curiosidad ilimitada son esenciales para Criticabits. Su capacidad para explicar cosas complejas de una forma amena y divertida lo hacen un comunicador excepcional.

Thalvas se encarga de elaborar análisis detallados y honestos de tarjetas gráficas, procesadores, sistemas de refrigeración y todo tipo de periféricos.

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