Para conectar un ordenador a otro en los setenta había que coger el auricular del teléfono —el de baquelita, con su cable rizado— y encajarlo a presión en dos gomas. Literalmente. El aparato pitaba, el de enfrente le contestaba con otro pitido, y si alguien descolgaba la extensión del pasillo, se acababa la conexión. Así empezó todo esto.
En corto. El acoplador acústico conectaba ordenadores metiendo el auricular del teléfono en dos ventosas de goma. Lentísimo, ridículo de ver y absolutamente decisivo: es el eslabón entre el ordenador aislado y la red.
Ficha técnica del acoplador acústico
Época
De los años sesenta a mediados de los ochenta
Cómo se usaba
Encajando el auricular del teléfono en dos gomas
Velocidad típica
300 baudios
Por qué existía
La compañía no dejaba conectar nada a su línea
Enemigo número uno
El ruido de la habitación
Lo sustituyó
El módem conectado directamente a la línea
Qué era y por qué era tan raro
Un módem convierte datos en sonido y sonido en datos. Eso no ha cambiado nunca. Lo que cambió fue por dónde pasaba ese sonido.
El acoplador acústico no se enchufaba a la línea: se enchufaba al teléfono. Marcabas a mano, esperabas el pitido del otro lado y entonces encajabas el auricular en dos gomas con forma de oreja y micrófono. El aparato le hablaba al teléfono y le escuchaba, como haría una persona.
Por qué semejante disparate. Porque durante décadas la compañía telefónica era dueña del cable y del aparato, y no permitía conectar hardware de terceros a su red. Si no puedes tocar la línea, sólo te queda hablarle al teléfono. El acoplador no es una ocurrencia técnica: es una respuesta a una norma.
Cuando esa restricción cayó, el acoplador desapareció en pocos años, sustituido por módems que se conectaban a la roseta y funcionaban muchísimo mejor.
Trescientos baudios
La velocidad típica eran 300 baudios. Para hacerse una idea de lo que significa: unos treinta caracteres por segundo, más o menos el ritmo al que una persona lee en voz alta.
Eso implica que veías el texto aparecer letra a letra en la pantalla, a la velocidad a la que llegaba. Y también implica que no había imágenes, ni ventanas, ni nada que no fuera texto: el ancho de banda daba para lo que daba.
- 300Baudios de velocidad
- 30Caracteres por segundo
- 0Imágenes que cabían
- 1Línea de teléfono ocupada
Y ocupaba el teléfono de casa. Entero. Mientras uno estaba conectado, nadie podía llamar ni recibir llamadas, cosa que en una casa con adolescentes fue motivo de guerra durante veinte años.
Lo que había al otro lado
Un ordenador central de una universidad, un servicio de teletipo o, ya en los ochenta, un BBS: el ordenador de un particular con un módem conectado esperando llamadas.
Los BBS fueron la primera red social, aunque nadie los llamara así. Entrabas, leías mensajes, dejabas el tuyo, descargabas algún programa y colgabas, porque la llamada la pagabas tú y la línea la necesitaba tu madre.
Un BBS de entonces
- Una sola línea: si estaba ocupada, volvías a llamar.
- Lo montaba un particular en su casa.
- La llamada la pagabas tú, por minutos.
- Y la comunidad eran veinte personas de tu provincia.
Lo que vino después
- Miles de conexiones a la vez.
- Lo monta una empresa con un centro de datos.
- La conexión es plana y siempre está encendida.
- Y la comunidad son millones de personas y ningún vecino.
A mí me lo van a contar: se ganó muchísimo, y se perdió una cosa concreta, que era que el que montaba el sitio vivía a veinte minutos de tu casa.
Legado
El acoplador acústico es el abuelo directo de todo lo que haces ahora mismo. La cadena es corta: acoplador, módem de línea, RDSI, ADSL, fibra.
Y dejó una lección que se repite: la tecnología no la limita sólo la física, la limita también quién es dueño del cable. El acoplador existió porque una norma prohibía lo evidente, y desapareció en cuanto la norma cambió.
- Marcar a mano y esperar el pitido del otro lado.
- Encajar el auricular en dos gomas y no respirar fuerte.
- Treinta caracteres por segundo, sólo texto.
- Y el teléfono de casa ocupado hasta que colgaras.
Preguntas frecuentes
¿Por qué no se conectaba directamente a la línea?
Porque durante décadas la compañía telefónica era dueña de la red y del aparato, y no permitía enchufar hardware ajeno. Si no podías tocar el cable, la única salida era hablarle al teléfono, y eso es exactamente lo que hacía el acoplador.
¿Cuánto corría?
Lo habitual eran 300 baudios, unos treinta caracteres por segundo. El texto aparecía en pantalla letra a letra, al ritmo al que llegaba, y no daba para nada que no fuera texto: ni imágenes, ni interfaces gráficas.
¿El ruido de la habitación afectaba?
Sí, y bastante. Al viajar el sonido por el aire entre el auricular y las gomas, un portazo o una conversación cerca podían meter errores en la transmisión. Las gomas estaban para aislar, pero aislaban lo que podían.
¿Qué era un BBS?
El ordenador de un particular con un módem conectado y esperando llamadas. Entrabas por teléfono, leías y dejabas mensajes y descargabas algún programa. Fue la primera red social del país, aunque entonces nadie usara esa palabra.
Veredicto: el eslabón que explica todo lo demás
Visto hoy, encajar un auricular de baquelita en dos gomas para conectar dos ordenadores parece una broma. Y sin embargo es el momento exacto en que un ordenador deja de ser una máquina aislada y empieza a ser un nodo.
Todo lo que ha venido después —los BBS, el correo, la web, la fibra de tu casa— cuelga de esa idea rara de hablarle al teléfono porque la norma no te dejaba tocar el cable.
Le hablaba al teléfono porque no podía tocar el cable
De lo que se repartía por esa vía años después, Doom y su primer episodio gratuito.
Imagen destacada: «Acoustic Coupler», de Felix Winkelnkemper, licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons.




Deja tu comentario