Un disipador de torre es un bloque de aluminio con unos tubos de cobre y un ventilador colgado. No tiene bomba, no tiene líquido, no tiene nada que se pueda secar ni fugar. Y en una gama de precio media le gana con frecuencia a una refrigeración líquida cerrada, lo cual es un resultado incómodo para mucha gente que ya compró la líquida.
En corto. Menos piezas, menos cosas que fallar y precio más bajo. La líquida gana en cajas donde no cabe una torre, en equipos muy exigentes y en estética. Fuera de eso, la torre sigue siendo la respuesta aburrida y correcta.
Qué es esto. Una explicación, no un análisis con nota. No tengo banco de pruebas para medir esto, así que no hay cifras propias ni puntuación: cada dato lleva su origen al lado. El manual de la casa lo prefiere así antes que inventar un 8,5 para rellenar una rúbrica.
Ficha técnica de un disipador de torre
De qué está hecho
Base de cobre, tubos de calor y aletas de aluminio
Piezas móviles
Una: el ventilador
Piezas móviles de una líquida
Dos: ventiladores y bomba
Mantenimiento
Quitar el polvo
Vida útil
La del ventilador, y se cambia por diez euros
Su problema
Altura y peso
Cuándo no vale
Cajas bajas y memorias con disipador alto
Cómo funciona
La base de cobre toca el procesador y recoge el calor. De esa base salen unos tubos sellados con un poco de líquido dentro: el calor lo evapora en el extremo caliente, el vapor sube, se condensa arriba —donde están las aletas y el aire frío— y el líquido vuelve por capilaridad.
Es decir: un disipador de torre también usa un líquido que circula. La diferencia con una refrigeración líquida es que aquí no hay bomba, porque el ciclo lo mueve la propia física.
La torre también mueve un líquido. Lo que no tiene es una bomba que se pare un martes de agosto.
Pavel Krazinsky
Ese detalle explica casi toda su ventaja: menos piezas que pueden fallar y ningún componente que se degrade con las horas de funcionamiento.
Contra la refrigeración líquida cerrada
En la gama media, las comparativas serias suelen dar resultados muy parecidos entre una buena torre y una líquida de 240 milímetros, con la torre costando bastante menos.
Donde la líquida despega de verdad es en procesadores que disipan mucho y de forma sostenida, y en radiadores grandes. Ahí el volumen de líquido y la superficie del radiador le dan una inercia térmica que un bloque de aluminio no tiene.
Disipador de torre
- Una sola pieza móvil: el ventilador.
- Nada que se pueda secar ni fugar.
- Más barato a igualdad de rendimiento.
- Alto, pesado y a veces feo.
Líquida cerrada
- Bomba y ventiladores: más piezas móviles.
- El líquido se evapora poco a poco con los años.
- Libera espacio alrededor del zócalo.
- Mejor en procesadores muy exigentes y radiadores grandes.
La bomba es el punto que más me hace dudar. Es un motor pequeño girando sin parar, y cuando se para no avisa: lo que notas es que el equipo se apaga solo por temperatura.
El problema de verdad de la torre: el espacio
Una torre buena mide entre quince y diecisiete centímetros de alto y pesa cerca de un kilo. Eso trae dos problemas concretos que hay que comprobar antes de comprar y no después.
El primero es si cabe: la caja tiene una altura máxima de disipador y viene en su ficha. El segundo es si choca con la memoria, porque muchas torres tapan parcialmente la primera ranura y las memorias con disipador alto no entran debajo.
- Mira la altura máxima de disipador que admite tu caja.
- Comprueba la altura de tus módulos de memoria.
- Mira si el ventilador se puede subir unos milímetros para librar la memoria.
- Y ten en cuenta el peso: casi un kilo colgando de la placa.
- Si transportas el equipo, desmonta el disipador antes.
Ese último punto no es paranoia. Un kilo en voladizo aguanta bien quieto y mal dando botes en el maletero de un coche.
Qué conviene comprar
Para un procesador de gama media y una caja normal, una torre decente. Es la opción aburrida, la que menos problemas da y la que menos cuesta.
Para una caja pequeña donde no cabe una torre, una líquida de 240. Para un procesador de gama muy alta que va a estar cargado durante horas, una líquida de 360. Y para quien quiere que se vea bonito, lo que le apetezca, que también es una razón legítima.
- Disipador de serie del procesador. Cumple para uso ligero y poco más. Ruidoso en cuanto aprietas.
- Torre de gama media. El punto dulce. Aquí está la mayoría de la gente y con razón.
- Torre de doble ventilador. Un escalón más, si cabe y si el procesador lo pide.
- Líquida de 280 o 360. Para procesadores muy exigentes, cargas sostenidas o cajas donde no cabe una torre.
Preguntas frecuentes
¿Una torre enfría menos que una líquida?
En gama media, no necesariamente: una buena torre y una líquida de 240 suelen quedar muy cerca, con la torre costando menos. La líquida despega en procesadores muy exigentes y con radiadores grandes.
¿La torre también lleva líquido?
Sí. Los tubos de calor están sellados con un poco de líquido que se evapora en el extremo caliente y se condensa arriba. La diferencia es que no hay bomba: el ciclo lo mueve la física, no un motor.
¿Qué pasa si falla la bomba de una líquida?
Que no avisa. Lo que notas es que el equipo se apaga solo por temperatura, a veces después de un rato funcionando aparentemente bien. Es el punto de fallo que una torre sencillamente no tiene.
¿Cómo sé si me cabe?
Mirando dos datos antes de comprar: la altura máxima de disipador que admite tu caja y la altura de tus módulos de memoria, porque muchas torres tapan la primera ranura. Los dos vienen en las fichas correspondientes.
Lo bueno y lo malo
Lo que nos gustó
- Una sola pieza móvil, y cuesta diez euros cambiarla.
- Nada que se seque ni que se fugue.
- Más barato a igualdad de rendimiento en gama media.
- Dura lo que dure el equipo, y más.
Lo que no
- Alto y pesado: casi un kilo en voladizo.
- Suele chocar con memorias de disipador alto.
- No cabe en cajas pequeñas.
- Estéticamente, es un ladrillo.
Veredicto: la respuesta aburrida sigue siendo la correcta
Si lo que buscas es que el procesador esté fresco durante los próximos ocho años sin tener que pensar en ello, una torre decente es la compra que menos veces te va a dar un disgusto.
La líquida tiene su sitio y es un sitio real: cajas donde no cabe una torre, procesadores muy exigentes y quien quiere que el equipo se vea de una manera concreta. Fuera de esos tres casos, estás pagando más por añadir una bomba que puede pararse.
Una pieza móvil contra dos
De lo que va debajo, la pasta térmica; y del aire que le llega, los ventiladores.
Imagen destacada: «Alpenföhn Nordwand, disipador de torre», de D-Kuru, licencia CC BY-SA 3.0 AT vía Wikimedia Commons.




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