En 1983 alguien tuvo una idea que en informática doméstica no se le había ocurrido a nadie: y si en vez de que cada fabricante haga su ordenador incompatible con todos los demás, nos ponemos de acuerdo en uno solo y que cada cual lo fabrique. Lo llamaron MSX. Sony, Philips, Canon, Panasonic y otra docena firmaron. Y luego pasó lo que pasa siempre.
En corto. El intento de hacer con los ordenadores lo que el VHS hizo con el vídeo: un estándar y muchas marcas. Funcionó de maravilla en Japón, Holanda, Brasil y España, y no funcionó en absoluto donde estaba el dinero grande.
Ficha técnica del estándar MSX
Presentación
1983
Detrás
ASCII Corporation y Microsoft
Impulsor
Kazuhiko Nishi
Procesador
Zilog Z80A
Idea
Una especificación, muchos fabricantes
Firmantes
Sony, Philips, Canon, Panasonic, Toshiba, Sanyo y más
Donde triunfó
Japón, Holanda, Brasil, Corea y España
Qué era
MSX no es un ordenador: es una especificación. Un documento que decía qué procesador, qué chip de vídeo, qué chip de sonido y qué sistema operativo tenía que llevar una máquina para poder llamarse así.
El que quisiera fabricar uno, lo fabricaba. Y lo importante: un cartucho comprado para un Sony funcionaba en un Philips, y una cinta grabada en un Canon se cargaba en un Panasonic. En 1983 eso era ciencia ficción.
- El problema1983
- Qué pasaba
- Cada fabricante hacía su máquina, incompatible con las demás
- A quién beneficiaba
- Al fabricante, que te ataba a su catálogo
- A quién perjudicaba
- A ti, que al cambiar de marca perdías todo el software
- La propuestaMSX
- Qué proponía
- Una especificación común y abierta a quien quisiera firmarla
- A quién beneficiaba
- Al comprador y a las tiendas de software
- A quién perjudicaba
- Al fabricante que quería el mercado para él solo
La idea la empujó Kazuhiko Nishi desde ASCII Corporation, con Microsoft detrás poniendo el BASIC. Y la comparación que se hacía entonces era con el vídeo doméstico: MSX quería ser el VHS de los ordenadores.
Por qué funcionó en unos sitios y en otros no
En Japón arrasó. En Holanda, gracias a Philips, se convirtió en el ordenador de la casa. En Brasil se fabricó bajo licencia. En Corea, lo mismo. Y en España tuvo una presencia muy seria, con Sony y Philips en las tiendas y con las casas de software de aquí sacando versión MSX de casi todo.
En Estados Unidos y en el Reino Unido, en cambio, no pintó nada. Allí el mercado ya estaba repartido entre Commodore, Sinclair y los primeros PC, y un estándar nuevo llegaba tarde a una fiesta que ya tenía dueños.
Un estándar abierto sólo gana donde todavía no hay un monopolio cómodo. Donde lo hay, el monopolio se hace el sueco y sigue a lo suyo.
Thalvas Von Wierhem
Ésa es la lección incómoda y sigue siendo verdad hoy con cualquier estándar abierto que se intente colar en un mercado maduro.
Lo que dejó
Konami hizo en MSX algunos de sus mejores juegos de los ochenta, con cartuchos que llevaban chips de sonido extra dentro para sonar mejor que la máquina. Ese detalle dice mucho de lo en serio que se tomaron la plataforma.
Y aquí, las casas españolas —las de Madrid y las de Bilbao— sacaron versiones MSX de sus catálogos. Si te pasabas por una tienda de la Gran Vía a mediados de los ochenta, el MSX estaba en el expositor al lado del Spectrum.
Un detalle que explica la plataforma. Algunos cartuchos de MSX traían su propio chip de sonido, así que el mismo juego sonaba mejor o peor según el cartucho y no según el ordenador. Cuando un fabricante de software mete hardware dentro del juego, es que cree en la máquina.
Legado
El estándar en sí se apagó a principios de los noventa, aplastado por el PC compatible, que acabó siendo el estándar de verdad aunque nadie lo hubiera firmado en una reunión.
Pero la idea sobrevivió y hoy la damos por hecha: comprar un aparato de una marca y que funcione con lo de otra. Cada vez que enchufas algo por USB estás disfrutando de la misma idea que MSX intentó vender en 1983.
- Una especificación común, muchos fabricantes.
- El software comprado sobrevive al cambio de marca.
- El comprador gana y el fabricante pierde poder de atarte.
- Y por eso mismo cuesta tanto que un estándar así se imponga.
Preguntas frecuentes
¿MSX era una marca de ordenador?
No: era un estándar. Cualquiera que cumpliera la especificación podía fabricar y vender un MSX, y por eso hubo máquinas de Sony, Philips, Canon, Panasonic, Toshiba y más, todas compatibles entre sí.
¿Qué tenía de bueno para el comprador?
Que el software no te ataba a una marca. Un cartucho o una cinta compradas para tu máquina funcionaban en la del vecino aunque fuera de otro fabricante, y si cambiabas de marca no perdías tu colección.
¿Por qué no triunfó en Estados Unidos?
Porque llegó tarde a un mercado ya repartido entre Commodore, Sinclair y los primeros PC compatibles. Un estándar abierto tiene su oportunidad cuando el terreno está por ocupar, no cuando ya hay posiciones cómodas que defender.
¿Tuvo importancia en España?
Bastante. Sony y Philips lo vendieron aquí con normalidad y las casas de software españolas sacaron versión MSX de buena parte de su catálogo. Convivió en las tiendas con el Spectrum durante toda la segunda mitad de los ochenta.
Veredicto: tenía razón y perdió igual
MSX propuso en 1983 lo que hoy nos parece de sentido común: un estándar común para que el comprador no quede atrapado en el catálogo de una marca.
Perdió, no porque la idea fuera mala, sino porque llegó a los mercados grandes cuando ya estaban repartidos. Es una historia que se repite cada pocos años con otro nombre, y conviene tenerla a mano cada vez que alguien vuelve a proponer un estándar abierto.
Quería ser el VHS de los ordenadores
De la misma época y del mismo expositor, el Amstrad CPC 464 y el ZX Spectrum.
Imagen destacada: «Canon V-20 MSX computer», de AUIC Oficial, dominio público vía Wikimedia Commons.




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