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Cable USB-C a USB-C azul con su etiqueta de características

USB-C: unificaron la forma y se olvidaron de la etiqueta

Tengo delante un cable USB-C de un euro con la etiqueta puesta: «3A, 5-20V, 480Mbps». Los dos extremos son idénticos a los del cable de cuarenta euros que hay al lado, y no hacen ni remotamente lo mismo. Ése es el problema entero del USB-C, y está impreso en letra pequeña en una cartulina que nadie lee.

En corto. USB-C es la forma del enchufe, no lo que pasa por dentro. Dos cables idénticos pueden ir a 480 megabits o a 40 gigabits, llevar 60 vatios o 240, y sacar vídeo o no sacarlo. Nada de eso se ve mirando el conector.

Qué es esto. Una explicación, no un análisis con nota. No tengo banco de pruebas para medir esto, así que no hay cifras propias ni puntuación: cada dato lleva su origen al lado. El manual de la casa lo prefiere así antes que inventar un 8,5 para rellenar una rúbrica.

Ficha técnica del conector USB-C

Qué es

Una forma de conector, no un protocolo

Velocidad mínima

480 Mbps, la de USB 2.0

Velocidad máxima

40 Gbps con USB4 o Thunderbolt

Potencia habitual

Hasta 60 W sin chip identificador

Potencia máxima

240 W, y exige cable con chip

Vídeo

Sólo si el cable y los dos aparatos lo admiten

Cómo saberlo mirando

No se puede

El conector no dice nada

Antes, la forma del enchufe te daba la información. Un USB rectangular azul era USB 3.0, uno negro era 2.0, y un HDMI era vídeo. Mirabas y sabías.

Con USB-C eso se acabó. El mismo óvalo de nueve milímetros sirve para cargar un portátil de 240 vatios, para conectar un disco a 40 gigabits por segundo, para sacar vídeo a un monitor y para cargar unos auriculares a 2,5 vatios por un cable que no transmite datos en absoluto.

Qué puede llevar un cable USB-CGigabits por segundo
USB4 o Thunderbolt40
USB 3.2 Gen 210
USB 3.2 Gen 15
USB 2.00,48
Los cuatro son cables USB-C con los mismos conectores en los extremos. Las cifras son las del estándar, no medidas mías. El de abajo va ochenta veces más despacio que el de arriba y no hay manera de distinguirlos a simple vista.

El cable de la foto que abre esto es de los de abajo del todo: 480 megabits. Lo pone en la etiqueta, y ésa es la única razón por la que lo sé.

IKEA SITTBRUNN USB A TO C CABLE
IKEA SITTBRUNN USB A TO C CABLE. Foto: Dinkun Chen (CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons).

Las tres cosas que hay que saber de un cable

Cuando compras uno, hay tres datos y ninguno se deduce del aspecto.

Velocidad de datos. Muchísimos cables USB-C sólo llevan las líneas de USB 2.0, porque para cargar no hacen falta más. Si vas a mover archivos, ese cable te va a arruinar la tarde.

  • DatosLo que más engaña
    El rango
    De 480 Mbps a 40 Gbps
    Por qué pasa
    Un cable sólo de carga se ahorra los hilos de datos rápidos
    Cómo saberlo
    Sólo por la ficha o el logotipo impreso
  • PotenciaLo que se nota
    El rango
    De 15 W a 240 W
    Por qué pasa
    Por encima de 60 W el cable necesita un chip identificador dentro
    Cómo saberlo
    Los de alta potencia lo anuncian; los que callan, no lo son
  • VídeoLo que falla en la reunión
    El rango
    Nada, o hasta varios monitores
    Por qué pasa
    Exige modo alternativo en el cable y en los dos aparatos
    Cómo saberlo
    Probando, casi siempre cinco minutos antes de empezar

Y una cuarta que no es del cable sino del puerto: que el conector de tu portátil sea USB-C no significa que ese puerto concreto haga todo lo anterior. En muchos equipos, de dos puertos idénticos uno saca vídeo y el otro no.

Por qué se permitió este lío

Porque la alternativa era peor, y conviene decirlo para no caer en la nostalgia fácil.

Antes había un conector distinto para cada cosa: micro-USB para el móvil, un barril propietario para cada portátil, HDMI para el monitor, un cable especial para la cámara. USB-C sustituyó a toda esa colección por uno solo, reversible y que no se rompe al enchufarlo al revés.

Cambiamos un cajón con siete cables incompatibles por un cajón con siete cables idénticos e incompatibles. No sé si hemos ganado.

Pavel Krazinsky

El error no fue unificar la forma: fue no obligar a marcar en el propio conector lo que el cable sabe hacer. Un color, una muesca, cualquier cosa visible. Se dejó en manos del fabricante y el fabricante, previsiblemente, no marcó nada.

IKEA SITTBRUNN USB A TO C CABLE
IKEA SITTBRUNN USB A TO C CABLE. Foto: Dinkun Chen (CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons).

Cómo salir del paso

Mi sistema, después de perder varias tardes, es de una simplicidad ofensiva: rotular los cables.

Una etiqueta pequeña en cada extremo con lo que hace —«datos 10G», «240 W», «sólo carga»— y el problema desaparece para siempre. Suena a chiste de oficina y es la única solución que funciona.

  • Rotula cada cable en cuanto lo saques de la caja.
  • Guarda la ficha o haz una foto de la etiqueta antes de tirarla.
  • Para datos, compra cable con el logotipo de velocidad impreso.
  • Para portátil, mira que anuncie los vatios que tu equipo pide.
  • Y ten uno bueno de reserva: el día que falla, falla en la reunión.

El fabricante dice que todos sus cables son compatibles. Compatibles lo son todos; capaces, no.

Preguntas frecuentes

¿Todos los cables USB-C son iguales?

No, y ése es el problema. Comparten la forma del conector y poco más: pueden ir de 480 megabits a 40 gigabits, llevar de 15 a 240 vatios y sacar vídeo o no sacarlo. Nada de eso se ve mirando el enchufe.

¿Por qué mi cable carga pero no transfiere rápido?

Porque probablemente sólo lleva las líneas de USB 2.0. Para cargar no hacen falta las rápidas, así que muchos cables baratos se las ahorran. Funciona perfectamente como cargador y fatal como cable de datos.

¿Qué cable necesito para un portátil?

Uno que anuncie explícitamente los vatios que tu equipo pide. Por encima de 60 vatios el cable necesita un chip identificador dentro; si el fabricante no menciona la potencia, da por hecho que no lo lleva.

¿Por qué no sale vídeo por mi puerto USB-C?

Porque el vídeo por USB-C exige modo alternativo, y hace falta que lo admitan el cable y los dos aparatos. Además, en muchos portátiles no todos los puertos USB-C hacen lo mismo, aunque por fuera sean idénticos.

Lo bueno y lo malo

Lo que nos gustó

  • Un solo conector para cargar, datos y vídeo.
  • Reversible: se acabó enchufarlo al revés.
  • Sustituyó a un cajón entero de cables propietarios.
  • Escala desde 2,5 vatios hasta 240 sin cambiar de forma.

Lo que no

  • El conector no informa de nada de lo que hace.
  • Dos cables idénticos pueden diferenciarse en ochenta veces la velocidad.
  • Ni siquiera todos los puertos del mismo equipo son iguales.
  • El etiquetado se dejó en manos del fabricante, que no etiqueta.

Veredicto: unificaron la forma y se olvidaron de la etiqueta

USB-C resolvió un problema real: el cajón de cables incompatibles que teníamos todos. Eso hay que reconocérselo y no se le reconoce lo suficiente.

Lo que no resolvió, y era la mitad del trabajo, es que el usuario pueda saber qué tiene en la mano. Un conector universal cuyo comportamiento sólo está escrito en una cartulina que se tira al abrir la caja no es universal: es uniforme, que no es lo mismo.


De otra pieza donde el dato de la caja no es el que importa, la fuente de alimentación.

Imagen destacada: «IKEA SITTBRUNN USB C to C cable», licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons.

Pavel Krazinsky

Pavel Krazinsky (Quartz City, 2189) es un apasionado de la industria de los videojuegos, tanto en su vertiente retro como en la escena actual. Disfruta analizando la evolución de sagas clásicas, identificando sus puntos de inflexión y explorando el potencial narrativo y técnico de los nuevos lanzamientos que irrumpen en el mercado.

Dotado de un gran talento para la comunicación digital, Pavel imprime un estilo dinámico, crítico y cercano a cada uno de sus artículos en Criticabits, haciendo que sus análisis resulten igual de atractivos tanto para veteranos como para quienes se inician en el mundo gamer.

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