Antes de que existiera la pantalla, un programa era una caja de cartulinas con agujeros. Se escribían en una máquina perforadora, se llevaban al centro de cálculo y se recogía el resultado impreso horas después. Si se te caía la caja, el programa se desordenaba y había que reconstruirlo a mano.
En corto. La tarjeta perforada decidió cosas que seguimos arrastrando: las ochenta columnas de un terminal, la disciplina de escribir código sin poder probarlo y buena parte del vocabulario de la informática.
Ficha técnica de la tarjeta perforada de 80 columnas
Origen
Censo estadounidense de 1890, con Hollerith
Formato IBM
80 columnas y 12 filas, desde 1928
Tamaño
El del billete de dólar anterior a 1929
Capacidad
Un carácter por columna: 80 por tarjeta
Cómo se escribían
En una perforadora con teclado
Cómo se leían
Por escobillas metálicas o por luz
Herencia visible
La línea de 80 caracteres del terminal
De un censo a una industria
Herman Hollerith diseñó el sistema para procesar el censo de Estados Unidos de 1890, que con métodos manuales amenazaba con no estar listo antes del siguiente. Con tarjetas y máquinas tabuladoras, el recuento se hizo en una fracción del tiempo.
Su empresa acabó, tras varias fusiones, convertida en IBM. Durante décadas, el negocio principal de aquella casa no fueron los ordenadores: fueron las máquinas de tarjetas y, sobre todo, las tarjetas, que se consumían y se volvían a comprar.
- 1890Censo estadounidense con máquinas de Hollerith.
- 1928IBM fija el formato de 80 columnas.
- 1950-1970Reinado absoluto en el proceso de datos.
- 1980El terminal y el disco las dejan sin trabajo.

Cómo se programaba con ellas
Una línea de código, una tarjeta. Un programa de quinientas líneas era una caja de quinientas cartulinas que había que mantener en orden, y por eso muchos las marcaban con una raya diagonal en el canto: si se desordenaban, la raya enseñaba dónde encajaba cada una.
Se entregaban en el mostrador del centro de cálculo y el resultado llegaba impreso, a veces al día siguiente. Un error de sintaxis costaba un día entero.
Cuando cada intento cuesta un día, se repasa el código antes de entregarlo. Es la única razón por la que aquella gente escribía mejor que nosotros.
Thalvas Von Wierhem
Lo que nos dejó
Las ochenta columnas, para empezar. La tarjeta tenía ochenta caracteres, los terminales se hicieron de ochenta columnas para mostrar una tarjeta entera, y hoy media guía de estilo del mundo sigue recomendando líneas de ochenta caracteres por razones que ya nadie recuerda.
Y vocabulario: batch, es decir, lote, viene de la pila de tarjetas que se procesaba de una vez. La palabra sigue describiendo exactamente lo mismo.
- Lo que sobreviveSin darnos cuenta
- 80 columnas
- La anchura estándar de un terminal
- Proceso por lotes
- El nombre viene de la pila de tarjetas
- Formato fijo
- Columnas reservadas en lenguajes antiguos
- Lo que desaparecióY menos mal
- El día de espera
- Un error costaba una jornada
- La caja ordenada
- Y el pánico si se caía
- El mostrador
- Y la cola para entregar el trabajo

La frase que salió de aquí
Las tarjetas llevaban impresa una advertencia para que las máquinas pudieran leerlas: no doblar, no perforar, no estropear. En los años sesenta, aquella frase se convirtió en lema estudiantil contra la burocratización: la usaron para decir que las personas no son tarjetas.
Es una de las primeras veces que una crítica social se apoya en un detalle técnico, y quizá la primera en que el ordenador aparece como símbolo de deshumanización.
- Una línea de código por tarjeta, sin excepciones.
- Raya diagonal en el canto para poder reordenar la caja.
- Columnas reservadas: en algunos lenguajes, el margen importaba.
- Y a esperar al día siguiente.
Preguntas frecuentes
¿Por qué 80 columnas?
Porque IBM fijó ese formato en 1928 y se impuso en toda la industria. Los terminales de pantalla se hicieron de 80 columnas para poder mostrar una tarjeta completa, y de ahí viene la costumbre que todavía siguen muchas guías de estilo.
¿De verdad se programaba así?
Sí, durante décadas. Una línea de código por tarjeta, la caja entregada en el mostrador del centro de cálculo y el resultado impreso horas o un día después.
¿Qué pasaba si se te caía la caja?
Que había que reordenarla. Por eso mucha gente marcaba una raya diagonal en el canto de la pila: al desordenarse, la raya indicaba el orden correcto.
¿Se usan todavía?
Como soporte de proceso, no. Sobreviven en contextos muy concretos, sobre todo en sistemas electorales de algunos países, y como pieza de museo.
Veredicto: el formato que todavía nos condiciona
Es raro encontrar un objeto desaparecido que siga decidiendo cómo trabajamos. La tarjeta perforada lo consigue: la anchura de la pantalla donde escribo esto viene de una cartulina de 1928.
Y deja una moraleja incómoda: el coste de equivocarse educa. Cuando probar era gratis, empezamos a probar en vez de pensar.
De la máquina que heredó todo aquel mundo y lo abrió a cualquiera, el IBM PC 5150.
Imagen destacada: tarjeta perforada IBM de 80 columnas, imagen de Gwern, editada por agr, dominio público vía Wikimedia Commons.




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