Un tambor de plástico, dos baquetas y dos sonidos: el centro y el borde. Taiko no Tatsujin lleva desde 2001 en los salones japoneses con el planteamiento más simple del género de ritmo, y es precisamente por eso por lo que no se ha movido de ahí.
En corto. Dos sonidos y un solo carril. Toda la dificultad está en la velocidad y en los patrones, no en recordar qué botón es cuál.
Ficha técnica de Taiko no Tatsujin
Año
2001
Compañía
Namco
Control
Tambor con dos zonas y dos baquetas
Sonidos
Centro y borde. Nada más
Lectura
Un solo carril horizontal
Repertorio
Pop japonés, clásica, series y música propia
Público
Muy amplio, desde niños a mayores
Dos sonidos y ya está
Golpear el centro del tambor da un sonido grave; golpear el borde da uno agudo. Las notas bajan por un único carril horizontal en dos colores, y lo único que hay que hacer es golpear donde corresponde cuando la nota llega a la marca.
Reducir el vocabulario a dos elementos tiene una consecuencia enorme: no hay nada que memorizar. Un abuelo y un niño de seis años entienden la máquina mirándola treinta segundos, y eso en un salón recreativo vale oro.
Ritmo con muchos controles
- Hay que aprender qué es cada botón.
- La lectura reparte la atención.
- Entrada lenta.
- Público especializado.
Taiko
- Dos sonidos: centro y borde.
- Un solo carril que leer.
- Entrada inmediata.
- Público de cualquier edad.

Dónde está la dificultad
En la velocidad y en los patrones. A partir de cierto nivel las notas llegan en ráfagas que exigen alternar manos sin pensar, y aparecen redobles que se miden por cuántos golpes se dan en un tiempo dado.
Es una dificultad puramente física y perfectamente legible: se ve venir, se falla por poco y se entiende por qué se ha fallado. Esa transparencia es lo que hace que apetezca otra partida.
- Fácil. Notas separadas, a tiempo de negra.
- Normal. Aparecen las corcheas y los cambios de color.
- Difícil. Ráfagas que obligan a alternar manos.
- Extremo. Densidad constante: es resistencia de muñeca.
El repertorio lo abre todo
Conviven pop japonés, temas de series de animación, música clásica arreglada, canciones infantiles y composiciones propias. Esa mezcla es deliberada: la máquina quiere que cualquiera encuentre algo que conozca.
Es la misma estrategia que la simplicidad del control, aplicada a la música. Todo en la máquina está pensado para que el escalón de entrada sea cero.
Por qué está en la planta de acceso. Una máquina que se entiende sin explicación y con canciones reconocibles funciona como reclamo: atrae a quien no venía a jugar, igual que las máquinas de premios.

Fuera de la máquina
Han salido versiones domésticas con tambores de plástico más pequeños, y funcionan mejor que la mayoría de adaptaciones de este género, porque el periférico es sencillo de fabricar y el juego no necesita más.
Aun así, la diferencia está en el tamaño y en el sonido. El tambor grande responde distinto y suena en la sala, y eso, otra vez, es lo que no cabe en casa.
- Centro grave, borde agudo. No hay más vocabulario.
- Alterna manos desde el principio, aunque vayas lento.
- En los redobles cuenta la cantidad, no la precisión.
- Y elige canción conocida: se acierta muchísimo mejor.
Preguntas frecuentes
¿Cómo se juega a Taiko no Tatsujin?
Golpeando el centro del tambor para las notas de un color y el borde para las del otro, en el momento en que llegan a la marca de un único carril horizontal.
¿Es fácil de aprender?
Muchísimo: sólo hay dos sonidos y un carril. La dificultad está después, en la velocidad y en las ráfagas que obligan a alternar manos.
¿Qué música tiene?
Pop japonés, temas de series, clásica arreglada, canciones infantiles y composiciones propias. La mezcla es deliberada, para que cualquiera reconozca algo.
¿Merece la pena la versión de casa?
Funciona mejor que la mayoría de adaptaciones del género, porque el periférico es simple. Lo que se pierde es el tamaño del tambor y cómo suena en la sala.
Lo bueno y lo malo
Lo que nos gustó
- Vocabulario mínimo: se entiende mirando treinta segundos.
- Dificultad física y perfectamente legible.
- Repertorio pensado para que cualquiera reconozca algo.
Lo que no
- El tambor de casa no responde como el de la máquina.
- Buena parte del repertorio no sale de Japón.
- A nivel alto es exigente de muñeca.
Veredicto: la lección de quitar cosas
Taiko no Tatsujin lleva veinticinco años en los salones con dos sonidos y un carril. No hay ningún truco: el diseño consiste en haber quitado todo lo que sobraba.
En un género que tiende a llenar la pantalla de carriles, es el recordatorio de que la dificultad no tiene por qué estar en la interfaz.
De la máquina de ritmo que abrió el género tres años antes, con los pies, Dance Dance Revolution.
Imagen destacada: dos jugadoras en una máquina de Taiko no Tatsujin, fotografía de Sergiy Galyonkin, licencia CC BY-SA 2.0 vía Wikimedia Commons.




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