Los marcianos de Wells no vienen a conquistarnos: vienen a ocupar un planeta que les viene bien, y nosotros somos lo que había encima. Esa diferencia de actitud —no hay odio, hay logística— es lo que hace que un libro de 1898 siga dando más miedo que casi todo lo que se ha escrito después sobre invasiones.
En corto. La primera invasión alienígena de la literatura, y todavía la mejor escrita. No va de marcianos: va de lo que se siente estando en el lado equivocado de una diferencia tecnológica enorme, escrito por alguien cuyo país estaba en el otro lado.
Ficha técnica de La guerra de los mundos
Autor
H. G. Wells
Publicación
Por entregas en 1897; en libro, 1898
Dónde ocurre
En el sur de Inglaterra, con nombres reales
El narrador
Anónimo, y no es un héroe
Las máquinas
Trípodes, rayo calorífico y humo negro
Cómo acaba
Sin que nadie los derrote
Ilustrador histórico
Henrique Alvim Corrêa, edición de 1906
De qué va
Cae un cilindro metálico en un campo de Surrey. La gente del pueblo se acerca a mirar con curiosidad, como quien va a ver un meteorito. De dentro sale algo, y en cuestión de días el sur de Inglaterra está desmantelado.
El narrador no es militar ni científico ni salvador: es un señor que intenta llegar a casa, esconderse y no morir. Pasa buena parte del libro tirado en una zanja o en un sótano, mirando por una rendija.
Por qué eso es tan eficaz. Casi todas las historias de invasión posteriores ponen al lector del lado de quien resiste y organiza la defensa. Wells lo pone del lado del que se esconde. El resultado es que la escala del desastre se entiende mucho mejor, porque nunca te la explican: la ves por una rendija.
Y termina como termina, sin que ningún acto humano sirva de nada, que es la decisión más valiente del libro y la que casi ninguna adaptación se atreve a mantener con todas sus consecuencias.

El detalle que lo cambia todo
Wells escribe la invasión usando geografía real: Woking, Shepperton, Richmond, el puente de Westminster. Lugares que sus lectores conocían y por los que pasaban a diario.
Eso, que hoy es un recurso habitual, en 1898 era una provocación deliberada. No estaba destruyendo una ciudad imaginaria: estaba destruyendo la calle de al lado.
- 1897Se publica por entregas en la revista Pearson’s.
- 1898Sale en libro y se convierte en un éxito inmediato.
- 1906Edición belga con las ilustraciones de Alvim Corrêa, las más famosas del libro.
- 1938La emisión radiofónica de Orson Welles demuestra lo bien que aguanta el formato.
- HoySigue habiendo una adaptación nueva cada pocos años.
Las ilustraciones de Alvim Corrêa para la edición belga de 1906 son, para mucha gente, la imagen definitiva del libro. El propio Wells dijo que hacían más por su texto de lo que él esperaba.
Lo que de verdad está contando
Wells lo dejó escrito sin que nadie tuviera que interpretarlo: en las primeras páginas compara la llegada de los marcianos con lo que los europeos habían hecho con otros pueblos, y menciona expresamente la desaparición de los tasmanos.
Es decir: el libro está escrito por un ciudadano del imperio más grande del mundo preguntándose qué se sentiría estando al otro lado. Los marcianos no son crueles, son eficientes, y es exactamente el retrato que Wells quería devolverle a sus lectores.
No son malvados. Tienen una tecnología mejor y un sitio donde quieren estar. Eso ya ha pasado en la Tierra muchas veces, sólo que nosotros éramos los del trípode.
Arnau San Freda

Por qué leerlo hoy
Porque es corto, moderno de ritmo y está escrito con una claridad que muchos libros de hace veinte años ya no tienen. No hay que hacerle ninguna concesión de época.
Y porque todas las invasiones alienígenas que has visto —absolutamente todas— vienen de aquí. Leerlo es ver el molde antes de las copias.
- Está en dominio público: se consigue gratis y legalmente.
- Se lee en dos tardes.
- Busca una edición con las ilustraciones de Alvim Corrêa.
- Y si puedes, léelo sabiendo dónde está Woking en el mapa.
Preguntas frecuentes
¿Es la primera novela de invasión alienígena?
Es la que fijó el género y la que todas las demás copian. Hubo textos anteriores con visitantes de otros mundos, pero la invasión como catástrofe militar y social, con máquinas y refugiados, empieza aquí.
¿Por qué usa lugares reales?
Para que el desastre le pasara a sus lectores y no a una ciudad imaginaria. Woking, Richmond o Westminster eran sitios por los que su público pasaba a diario, y verlos arrasados tenía un efecto que ninguna geografía inventada consigue.
¿Cómo acaba?
Sin que ningún acto humano cambie nada, y eso es deliberado. Es la decisión más valiente del libro y la que casi todas las adaptaciones suavizan, porque deja al lector sin la satisfacción de haber ganado.
¿Qué son las ilustraciones de Alvim Corrêa?
Las que el artista brasileño hizo para la edición belga de 1906. Son, para mucha gente, la imagen definitiva del libro, y el propio Wells reconoció que aportaban a su texto más de lo que esperaba.
Veredicto: la invasión sigue sin superarse
Ciento veintisiete años y ninguna de las mil imitaciones ha mejorado lo esencial: que el protagonista no puede hacer nada, que los invasores no tienen ningún interés en él y que el punto de vista es siempre el de alguien escondido en una zanja.
Wells entendió que el miedo no está en el monstruo sino en la diferencia de escala. Y sabía de lo que hablaba, porque escribía desde el país que en ese momento era el trípode.
De la misma familia de lo fantástico con base científica, Frankenstein.
Imagen destacada: ilustración de Henrique Alvim Corrêa para la edición belga de 1906, conservada en Wikimedia Commons, dominio público.




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