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Unidad SSD SATA de 2,5 pulgadas de la serie Intel DC S3700

SATA en 2026: sigue porque hace otra cosa

SATA lleva más de veinte años, va a una velocidad que hoy parece ridícula y sigue en todas las placas base que se venden. No es inercia: hay tres motivos concretos por los que sigue teniendo sentido, y ninguno tiene que ver con la velocidad.

En corto. Para almacenamiento masivo, la velocidad de SATA no es el cuello de botella. Y un cable permite hacer cosas que un conector soldado a la placa no permite: sacar el disco, ponerlo en otro equipo, tener ocho a la vez.

Qué es esto. Una explicación, no un análisis con nota. No tengo banco de pruebas para medir esto, así que no hay cifras propias ni puntuación: cada dato lleva su origen al lado. El manual de la casa lo prefiere así antes que inventar un 8,5 para rellenar una rúbrica.

Ficha técnica de la interfaz SATA

Velocidad máxima

Unos 600 MB/s en la revisión 3.0

Desde

2003, sustituyendo a los cables planos

Formato de disco

2,5 y 3,5 pulgadas, y M.2 con llave B+M

Conectores por placa

Habitualmente entre cuatro y ocho

Ventaja principal

Cable: se conecta y desconecta

Dónde sigue siendo el estándar

Discos mecánicos y grandes volúmenes

Lo que lo limita

Un tope de velocidad que no se ha movido

Los tres motivos por los que sigue

El primero es que para un disco mecánico sobra de largo: un disco de platos no se acerca ni de lejos al tope de SATA, así que la interfaz no limita nada.

El segundo es la cantidad: una placa normal tiene cuatro, seis u ocho conectores SATA y sólo dos o tres M.2. Quien quiera muchos terabytes los va a conectar por ahí.

  • Dónde gana SATASin discusión
    Cantidad
    Muchos más conectores por placa
    Coste por terabyte
    El almacenamiento masivo sigue aquí
    Manipulación
    Se conecta y desconecta sin desmontar nada
  • Dónde pierdeTambién sin discusión
    Velocidad
    Un tope que no se ha movido en años
    Latencia
    Muy por encima de NVMe
    Cables
    Dos por disco, y estorban

El tercero es el cable. Un disco SATA se saca en diez segundos, se conecta a otro equipo con un adaptador de cinco euros y se lee. Con un M.2 soldado bajo el disipador de la gráfica, eso es una tarde.

Bottom view of a 2.5-inch 100 GB SATA 3.0 (6 Gbit/s) model of the Intel enterprise flash drive DC S3700 series
Bottom view of a 2.5-inch 100 GB SATA 3.0 (6 Gbit/s) model of the Intel enterprise flash drive DC S3700 series. Foto: Dsimic (CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons).

Para qué sigue sirviendo hoy

Para almacenamiento en frío: archivo, fotografías, copias, bibliotecas de vídeo. Nada de eso necesita velocidad de acceso, necesita capacidad barata.

Y para copias de seguridad físicas que se guardan fuera del equipo, donde poder sacar el disco es exactamente el requisito.

  1. Sistema y programas. NVMe, sin discusión.
  2. Trabajo en curso. NVMe también, si cabe.
  3. Archivo y biblioteca. SATA, y a ser posible mecánico por precio.
  4. Copia que se guarda. SATA, porque se saca y se lleva.

Los dos cables

Un disco SATA necesita dos conexiones: el cable de datos, plano y estrecho, y el de alimentación, más ancho, que viene de la fuente. Ambos tienen forma de L y sólo entran de una manera.

Los de datos con pestaña de retención son bastante mejores: los que no la tienen se sueltan al mover el equipo, y diagnosticar eso lleva más tiempo del que debería.

El fallo tonto que más se repite. Un disco que desaparece después de mover la torre casi nunca está roto: es el cable de datos, que se ha salido medio milímetro. Antes de comprar nada, vuelve a enchufarlo.

A SATA SSD of the brand "Nextron".
A SATA SSD of the brand "Nextron". Foto: Contributers2020 (CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons).

Cuándo no usarlo

Para el sistema operativo y para los programas que arrancan a menudo. Ahí la diferencia con NVMe no está en la velocidad de transferencia sino en la latencia, y eso sí se nota todos los días.

Y para trabajo con archivos grandes que se leen y escriben constantemente: edición de vídeo, bases de datos, compilación.

  • Sistema y programas, en NVMe.
  • Archivo y biblioteca, en SATA: sale mucho más barato por terabyte.
  • Usa cables con pestaña de retención.
  • Y si un disco desaparece tras mover la torre, revisa el cable antes que nada.

Preguntas frecuentes

¿Sigue teniendo sentido comprar un disco SATA?

Para almacenamiento masivo, sí: sale mucho más barato por terabyte y su velocidad no limita nada en archivo y biblioteca. Para el sistema, no.

¿Por qué no se ha aumentado la velocidad de SATA?

Porque el relevo ya existe: NVMe sobre PCIe cubre el terreno rápido. Invertir en una revisión más veloz de SATA no tendría mercado.

¿Cuántos discos SATA puedo poner?

Los conectores que tenga la placa, habitualmente entre cuatro y ocho. Conviene comprobar si alguno se desactiva al ocupar un conector M.2: es frecuente.

¿Por qué desaparece un disco al mover el ordenador?

Casi siempre porque el cable de datos se ha salido ligeramente. Los cables con pestaña de retención evitan el problema.

Lo bueno y lo malo

Lo que nos gustó

  • Coste por terabyte muy inferior al de NVMe.
  • Muchos más conectores por placa.
  • El disco se saca y se lleva a otro equipo en un minuto.

Lo que no

  • Un tope de velocidad que lleva años congelado.
  • Dos cables por disco, y estorban dentro de la caja.
  • Latencia muy superior a la de NVMe.

Veredicto: sigue porque hace otra cosa

SATA no compite con NVMe y hace años que dejó de intentarlo. Se ha quedado con el almacenamiento barato, masivo y manipulable, que es un trabajo que sigue existiendo y que nadie más hace igual de bien.

Mientras un terabyte mecánico cueste lo que cuesta, seguirá habiendo conectores SATA en las placas. Y mientras se pueda sacar un disco con dos dedos, también.


Del otro formato que ocupa las mismas placas y con qué criterio elegirlo, el conector M.2. Y del disco que sigue reinando en capacidad, el disco mecánico.

Imagen destacada: unidad SSD SATA de 2,5 pulgadas de la serie Intel DC S3700, fotografía de Dsimic, licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons.

Pavel Krazinsky

Pavel Krazinsky (Quartz City, 2189) es un apasionado de la industria de los videojuegos, tanto en su vertiente retro como en la escena actual. Disfruta analizando la evolución de sagas clásicas, identificando sus puntos de inflexión y explorando el potencial narrativo y técnico de los nuevos lanzamientos que irrumpen en el mercado.

Dotado de un gran talento para la comunicación digital, Pavel imprime un estilo dinámico, crítico y cercano a cada uno de sus artículos en Criticabits, haciendo que sus análisis resulten igual de atractivos tanto para veteranos como para quienes se inician en el mundo gamer.

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