El primer Macintosh tenía 128 kilobytes de memoria que no se podían ampliar, una sola disquetera y ningún ventilador porque Jobs no quería ruido. Era casi inservible para trabajar y aun así cambió por completo lo que la gente esperaba de un ordenador, porque fue el primero que no había que aprender a usar.
En corto. Un aparato con limitaciones graves y una idea correcta. La idea sobrevivió; las limitaciones se arreglaron en la siguiente versión, que es exactamente el orden en que suelen pasar las cosas cuando salen bien.
Ficha técnica del Macintosh 128K
Presentación
24 de enero de 1984
Procesador
Motorola 68000 a 8 MHz
Memoria
128 KB, no ampliables
Pantalla
9 pulgadas, 512 × 342, monocroma
Disquetera
Una sola, de 3½ y 400 KB
Refrigeración
Ninguna: sin ventilador, por decisión de diseño
Precio de salida
2.495 dólares de 1984
Lo que traía que nadie más traía
Interfaz gráfica, ratón, ventanas, menús desplegables y la idea de que lo que ves en pantalla se parece a lo que sale impreso. Nada de eso lo inventó Apple —venía en buena parte de los laboratorios de Xerox— pero sí fue la primera vez que se metió en una caja que un particular podía comprar.
Y trajo algo menos visible y más importante: unas normas de interfaz publicadas, para que todos los programas se comportaran igual. Aprender uno significaba saber usar los demás.
- Lo que aportóY se quedó
- Interfaz
- Ventanas, iconos y menús para todos
- Normas
- Guía publicada para los programas
- Concepto
- Lo que ves es lo que imprimes
- Lo que fallóY se arregló luego
- Memoria
- 128 KB soldados, sin ampliación
- Disquetera
- Una sola: copiar era una tortura
- Calor
- Sin ventilador, con las consecuencias

El problema de la única disquetera
Con 128 KB de memoria y discos de 400, copiar un disco significaba leer un trozo a memoria, sacar el disco, meter el otro, escribir, y repetir. Docenas de veces.
Los usuarios de la época lo recuerdan como el gesto que definió aquel primer año: sentado delante del Macintosh, cambiando disquetes hasta que la copia terminaba.
Un ordenador que todo el mundo entendía en cinco minutos y que luego te hacía cambiar el disquete cuarenta veces. Las dos cosas, a la vez, en la misma caja.
Thalvas Von Wierhem
El ventilador que no había
Jobs insistió en que la máquina no llevara ventilador porque el ruido le parecía inaceptable. El diseño confiaba en la convección a través de las ranuras de la carcasa.
En la práctica, aquello contribuyó a una fama de averías por calor que persiguió a los primeros modelos. Es el ejemplo clásico de una decisión estética que se cobra la factura en el servicio técnico.
- La decisión. Sin ventilador, porque hace ruido.
- El diseño. Ranuras y convección natural.
- La realidad. Calor acumulado dentro de una caja pequeña.
- La consecuencia. Averías, y una reputación que costó años.

Por qué importó igual
Porque en 1984 un ordenador se usaba escribiendo órdenes que había que memorizar, y aquella máquina se podía usar sin leer nada. Eso abrió la informática a gente que no tenía ninguna intención de aprender a programar.
Y porque un año después llegó la impresora láser y un programa de maquetación, y entre los tres inventaron la autoedición, que es lo que de verdad salvó a la plataforma.
- No inventó la interfaz gráfica: la puso al alcance de un particular.
- Las normas de interfaz publicadas fueron tan importantes como el ratón.
- Con 128 KB era casi inservible; la versión de 512 arregló eso.
- Y la autoedición, un año después, le dio un motivo para existir.
Preguntas frecuentes
¿Inventó Apple la interfaz gráfica?
No. Venía en buena parte del trabajo de los laboratorios de Xerox. Lo que hizo Apple fue meterla en una máquina que un particular podía comprar y publicar unas normas para que todos los programas se comportaran igual.
¿Por qué no tenía ventilador?
Por decisión de diseño: Jobs no quería ruido. El equipo confiaba en la convección natural, y eso contribuyó a los problemas de calor de los primeros modelos.
¿Qué tenía de malo la memoria?
Que eran 128 KB y no se podían ampliar. Con programas gráficos, eso se quedaba corto de inmediato. El modelo de 512 KB, ese mismo año, arregló el problema.
¿Qué lo salvó?
La autoedición. La combinación de Macintosh, impresora láser y programa de maquetación creó un mercado profesional que le dio a la plataforma una razón de ser.
Veredicto: la idea correcta en un aparato incompleto
El Macintosh 128K es un producto que hoy no se podría vender: memoria insuficiente, almacenamiento insuficiente y refrigeración insuficiente. Y aun así fijó cómo se usa un ordenador durante los siguientes cuarenta años.
A veces lo que hay que juzgar no es el aparato, sino lo que enseñó a esperar. Por ese criterio, pocas máquinas le ganan.
De la máquina que salió tres años antes y fundó el otro camino, el IBM PC 5150.
Imagen destacada: Macintosh 128K de 1984 en la colección All About Apple, fotografía de Sailko, licencia CC BY 3.0 vía Wikimedia Commons.




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