Dejas el móvil en la base y se carga. No hay cable, no hay que acertar con el conector a oscuras y el puerto no se desgasta. Todo eso es verdad. Lo que también es verdad es que una parte de la energía que sale del enchufe no llega a la batería: se queda por el camino en forma de calor, y ese calor está a un centímetro de la celda.
En corto. Es una comodidad real con un coste real. Pierde energía, calienta el aparato justo donde no conviene y carga más despacio. Para la mesilla de noche compensa; para cargar con prisa, no.
Qué es esto. Una explicación, no un análisis con nota. No tengo banco de pruebas para medir esto, así que no hay cifras propias ni puntuación: cada dato lleva su origen al lado. El manual de la casa lo prefiere así antes que inventar un 8,5 para rellenar una rúbrica.
Ficha técnica de la carga inalámbrica
Cómo funciona
Inducción entre dos bobinas
Estándar
Qi
Eficiencia típica
Entre el 60 y el 80 %
A dónde va el resto
A calor
Dónde se genera ese calor
Pegado a la batería
Velocidad
Menor que por cable
Su gran virtud
Que no hay que enchufar nada
Cómo funciona, en dos frases
En la base hay una bobina por la que pasa corriente alterna, y eso crea un campo magnético. En el móvil hay otra bobina que ese campo atraviesa, y al atravesarla genera corriente.
Es el mismo principio que un transformador de toda la vida, sólo que con las dos mitades separadas por el plástico de la carcasa y unos milímetros de aire. Y ahí está el problema: un transformador con entrehierro pierde.
Por qué pierde tanto. En un transformador normal las dos bobinas comparten un núcleo de hierro que canaliza el campo. Aquí no hay núcleo común: hay aire, plástico y a veces una funda. Buena parte del campo se va por donde no debe, y lo que se va acaba en calor.
Por eso la eficiencia ronda el 60 u 80 % frente al 90 y pico de un cable decente.

El calor, que aquí sí es un problema
En un cargador de pared, las pérdidas calientan el cargador, que está lejos de todo y no le importa a nadie.
En la carga inalámbrica, buena parte de las pérdidas se generan en la bobina del propio móvil, que está pegada a la batería. Estás calentando la celda mientras la cargas, y el calor es lo que más envejece una batería de litio.
Por cable
- Las pérdidas se quedan en el cargador, lejos.
- Carga más rápido y a menos temperatura.
- Hay que enchufar, y el puerto se desgasta.
- El cable estorba en la mesilla.
Inalámbrica
- Parte de las pérdidas calientan el propio móvil.
- Más lenta, sobre todo con funda gruesa.
- No hay que acertar con el conector a oscuras.
- El puerto no se desgasta nunca.
No es para alarmarse: hablamos de acortar la vida útil de la batería, no de que pase nada. Pero conviene saberlo antes de dejar el móvil en la base doce horas cada noche.
La funda y la posición
Dos detalles prácticos que explican por qué a unos les funciona bien y a otros fatal.
La distancia entre bobinas importa muchísimo. Una funda fina no molesta; una gruesa, de silicona con refuerzos, puede bajar la eficiencia lo suficiente como para que el móvil se caliente y reduzca la potencia él solo.
- Funda fina o ninguna, si vas a cargar así a diario.
- Nada metálico en medio: ni una tarjeta, ni una chapita, ni un soporte magnético barato.
- Centra bien el aparato: descolocado, pierde muchísimo.
- Si notas que quema, quita la funda antes que cambiar de base.
- Y no la uses para cargar con prisa: para eso está el cable.
Lo de la tarjeta con banda magnética o el chip de un abono de transporte entre el móvil y la base no es una leyenda: el campo induce corriente en ellos y pueden estropearse.

Cuándo compensa
Compensa cuando el valor está en no hacer nada. La mesilla, la mesa de trabajo, el coche: sitios donde dejas el móvil muchas veces al día y cada vez te ahorras enchufarlo.
No compensa cuando tienes prisa, cuando el aparato ya viene caliente de usarlo o cuando lo que quieres es cargar un portátil, que sigue siendo terreno exclusivo del cable.
Se paga en energía y en calor lo que se gana en no agacharse a buscar el conector. A veces ese cambio sale a cuenta y a veces no.
Pavel Krazinsky
Preguntas frecuentes
¿Cuánta energía se pierde?
Entre un 20 y un 40 %, frente a en torno al 10 % de un cable decente. Esa diferencia se va en calor, y buena parte se genera en la bobina del propio aparato, que está pegada a la batería.
¿Estropea la batería?
No la estropea de golpe, pero el calor es lo que más acorta la vida de una celda de litio. Cargar así cada noche durante horas, con funda gruesa y en verano, no es el mejor trato posible para la batería.
¿Funciona con funda?
Con una fina, sí. Con una gruesa de silicona reforzada, la distancia entre bobinas crece y la eficiencia cae: el móvil se calienta y reduce la potencia él solo. Y nada metálico en medio, incluidas tarjetas con chip.
¿Por qué a veces carga muchísimo más despacio?
Casi siempre por posición: si el aparato no está centrado sobre la bobina, el acoplamiento empeora mucho. También por la funda, o porque el propio móvil ha bajado la potencia al detectar temperatura alta.
Lo bueno y lo malo
Lo que nos gustó
- No hay que enchufar nada, y eso se agradece a diario.
- El puerto de carga no se desgasta.
- Una base sirve para varios aparatos distintos.
- En la mesilla o el coche, es donde más sentido tiene.
Lo que no
- Pierde entre un 20 y un 40 % de la energía.
- El calor se genera pegado a la batería.
- Más lenta que el cable, y mucho más con funda gruesa.
- Cualquier metálico en medio da problemas.
Veredicto: una comodidad real con un coste real
La carga inalámbrica no es un timo ni una moda: resuelve una molestia pequeña que repites cinco veces al día, y eso tiene valor.
Lo que no es, y a veces se vende así, es una forma mejor de cargar. Es una forma más cómoda y peor, y saber en qué es peor —energía y calor— es justo lo que te permite decidir dónde ponerla y dónde seguir usando el cable.
De la carga con cable y por qué a veces va lenta, la carga rápida.
Imagen destacada: «Wireless Charging Pad», de Seawhelan, licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons.




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