Durante casi treinta años, mover el cursor consistió en arrastrar una bola de goma que hacía girar dos ejes con ranuras. Funcionaba razonablemente bien y tenía un defecto insalvable: la bola recogía todo lo que hubiera en la mesa y lo depositaba dentro, hasta que el cursor empezaba a moverse a saltos.
En corto. El ratón de bola resolvió con mecánica sencilla un problema que hoy se resuelve con una cámara. Su desaparición no vino de que fuera malo, sino de que el sensor óptico dejó de ser caro.
Ficha técnica del ratón de bola
Prototipo original
Engelbart, 1968, con dos ruedas metálicas
La bola
Idea de Bill English, en Xerox, a principios de los setenta
Cómo funciona
La bola gira dos ejes perpendiculares
La lectura
Rueda ranurada entre un diodo y un fotosensor
Resolución típica
Unos cientos de puntos por pulgada
Mantenimiento
Abrir, sacar la bola y raspar los ejes
Sustituto
Sensor óptico, generalizado desde 1999
Cómo lee el movimiento
Dentro hay dos ejes colocados en ángulo recto, uno para el eje horizontal y otro para el vertical, apoyados contra la bola. Al mover el ratón, la bola rueda y arrastra los dos ejes en la proporción que corresponda a la dirección del gesto.
Cada eje termina en una rueda con ranuras que pasa entre un emisor de luz y un sensor. El sensor cuenta destellos, y de ahí sale la distancia. Dos sensores por eje, ligeramente desfasados, permiten además saber el sentido del giro.
- La bola. Rueda sobre la mesa y arrastra dos ejes.
- Los ejes. Uno horizontal, otro vertical, en ángulo recto.
- La rueda ranurada. Interrumpe un haz de luz al girar.
- El contador. Cuenta destellos y deduce distancia y sentido.

El defecto que todo el mundo recuerda
Los ejes que tocan la bola acumulan una mezcla de polvo, grasa de la mano y restos de la alfombrilla que se compacta en una tira sólida. Cuando esa tira es lo bastante gruesa, el eje resbala en vez de girar y el cursor se queda pegado en una dirección.
La solución era abrir la tapa, sacar la bola y raspar los tres ejes con la uña. Era un gesto tan habitual en cualquier oficina de los noventa que nadie lo consideraba una avería.
Lo que se perdió con la limpieza. La alfombrilla no era un accesorio decorativo: daba a la bola una superficie con agarre suficiente para que no patinara. Con el sensor óptico dejó de hacer falta, y por eso desapareció de casi todas las mesas.
Por qué desapareció
No por sus limitaciones, sino porque hacia finales de los noventa se pudo fabricar barato un sensor que hace fotos de la superficie cientos de veces por segundo y compara unas con otras para calcular el desplazamiento.
Ese método no tiene piezas móviles, no acumula suciedad, funciona en casi cualquier superficie y es mucho más preciso. En tres o cuatro años barrió del mercado a un diseño de tres décadas.
Ratón de bola
- Piezas móviles que se ensucian.
- Necesita alfombrilla con agarre.
- Resolución limitada.
- Se puede reparar con la uña.
Sensor óptico
- Sin piezas móviles.
- Funciona en casi cualquier superficie.
- Resolución muchísimo mayor.
- Si falla, no hay nada que limpiar.

Lo que dejó
La forma. El ratón moderno sigue teniendo el tamaño y el perfil que se fijó en aquellos años, porque la mano no ha cambiado. Y sigue teniendo dos botones y una rueda, que tampoco es una decisión técnica sino una costumbre.
Y dejó un vocabulario entero: arrastrar, soltar, hacer doble clic. Todo eso se inventó para un aparato con una bola de goma dentro.
- Dos ejes en ángulo recto: uno por cada dirección.
- La rueda ranurada convierte giro en destellos contables.
- La suciedad se acumulaba en los ejes, no en la bola.
- Y la alfombrilla existía por el agarre, no por el diseño.
Preguntas frecuentes
¿Quién inventó el ratón?
El prototipo original es de Douglas Engelbart, en 1968, y usaba dos ruedas metálicas en vez de una bola. La bola llegó poco después, de la mano de Bill English en Xerox.
¿Por qué se atascaba?
Porque los ejes que tocan la bola acumulan polvo y grasa hasta formar una tira compacta. Cuando ocurre, el eje resbala en vez de girar y el cursor se queda pegado.
¿Por qué se dejó de usar?
Porque el sensor óptico se abarató. Hace cientos de fotos por segundo de la superficie y calcula el desplazamiento comparándolas: sin piezas móviles, sin suciedad y con mucha más precisión.
¿Para qué servía la alfombrilla?
Para dar agarre a la bola. Sobre una mesa lisa patinaba. Con el sensor óptico dejó de ser necesaria, y por eso casi desapareció.
Veredicto: mecánica honesta con fecha de caducidad
El ratón de bola es un buen ejemplo de diseño que hace exactamente lo que promete con los medios de su época, y que cae en cuanto aparece una alternativa sin partes móviles.
Y es de los pocos aparatos que todo el mundo ha reparado alguna vez sin darse cuenta de que lo estaba reparando.
De la máquina que puso uno de éstos en la mesa de cualquiera, el Macintosh 128K.
Imagen destacada: interior de un ratón de bola, fotografía de Grain, dominio público vía Wikimedia Commons.




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