Philips presentó el casete compacto en 1963 y tomó una decisión que hoy se estudia en cualquier manual de estrategia: lo licenció gratis a todo el mundo, con una sola condición, que nadie tocara el formato. Esa condición es la razón por la que una cinta grabada en Madrid en 1978 sonaba en un coche en Tokio.
En corto. Ganó por compatibilidad, no por calidad. Había formatos mejores y todos murieron. Y de paso inventó algo que no existía: que el oyente decidiera el orden de las canciones.
Ficha técnica del casete compacto
Presentación
1963, en la feria de radio de Berlín
Creador
Philips
Licencia
Gratuita, a cambio de no modificar el formato
Cinta
3,81 mm de ancho, cuatro pistas
Tipos de cinta
I de óxido de hierro, II de cromo, IV de metal
Reducción de ruido
Dolby B, y variantes posteriores
Lo que hizo posible
El aparato portátil y la cinta grabada en casa
La decisión de licenciarlo gratis
Philips podía haber cobrado por cada aparato fabricado. En cambio abrió el formato a cualquier fabricante sin coste, poniendo una única condición: que las medidas y la mecánica no se tocaran.
El resultado fue que en pocos años había reproductores de docenas de marcas y todos leían las mismas cintas. Los formatos rivales, cerrados y con royalties, desaparecieron sin llegar a pelear.
- Lo que renuncióPhilips
- Ingresos
- Los royalties por aparato
- Control
- Sobre quién fabricaba
- Exclusividad
- Ninguna
- Lo que consiguióA cambio
- Universalidad
- Un único formato en todo el mundo
- Volumen
- Miles de millones de unidades
- Duración
- Cuarenta años de vigencia

Los tipos de cinta, que sí importaban
No todas las cintas eran iguales. Las de tipo I, de óxido de hierro, eran las normales. Las de tipo II, de dióxido de cromo, aguantaban mejor los agudos. Y las de tipo IV, de partículas metálicas, eran las buenas de verdad y costaban un dineral.
Cada tipo necesita una corriente de polarización distinta al grabar, y los aparatos buenos lo detectaban por unas muescas en el canto del estuche. Grabar una cinta de cromo en un aparato que la tomaba por normal sonaba apagado, y mucha gente nunca supo por qué.
Las muescas del estuche. Las dos cavidades adicionales en el borde superior no son decorativas: identifican el tipo de cinta para que el aparato ajuste la ecualización y la polarización. Es la razón de que una cinta buena en un radiocasete barato sonara peor que una normal.
La cinta grabada en casa
Antes del casete, la música se escuchaba en el orden que decidía quien publicaba el disco. Con dos pletinas y paciencia, cualquiera podía montar su propia selección y regalarla.
Eso creó un objeto cultural que no existía: la cinta hecha para alguien, con su orden pensado y su carátula escrita a mano. Y creó también la primera gran campaña de la industria discográfica contra la copia doméstica, con aquel eslogan sobre que la grabación casera estaba matando a la música.
La industria dijo que la copia en casete acabaría con el negocio. Fue la década en que más discos se vendieron de toda su historia.
Thalvas Von Wierhem

Por qué cayó
No por calidad, porque una cinta buena en un aparato bueno se defiende. Cayó por el acceso: en un disco compacto se salta a la pista siete pulsando un botón, y en una cinta hay que rebobinar a ojo.
El casete aguantó más que casi cualquier formato de su generación precisamente por la grabación doméstica, que el disco compacto tardó años en ofrecer. Cuando llegaron las grabadoras baratas, se acabó.
- Ganó por compatibilidad universal, no por sonido.
- El tipo de cinta cambia mucho el resultado, y el aparato lo detecta.
- Dolby B reduce el siseo a costa de algo de brillo si se escucha sin él.
- Y su última ventaja fue poder grabar, no poder reproducir.
Preguntas frecuentes
¿Por qué ganó a los formatos rivales?
Porque Philips lo licenció gratis a cualquier fabricante con la condición de no modificar el formato. Eso garantizó que todas las cintas funcionaran en todos los aparatos, algo que los formatos cerrados nunca consiguieron.
¿Para qué sirven las muescas del estuche?
Para que el aparato identifique el tipo de cinta y ajuste la ecualización y la polarización. Una cinta de cromo tratada como normal suena apagada.
¿Sonaba bien?
Una cinta de buen tipo en un aparato de calidad, con Dolby, se defiende perfectamente. En un radiocasete corriente con una cinta barata, no.
¿Por qué desapareció?
Sobre todo por el acceso: en un disco se salta de pista al instante y en una cinta hay que rebobinar. Aguantó mientras fue el único formato que permitía grabar en casa.
Veredicto: la compatibilidad gana siempre
El casete no era el mejor formato de su tiempo y se lo llevó todo. La razón está en una cláusula de licencia, no en un laboratorio.
Cada vez que una empresa se plantea cerrar un formato para controlarlo, merece la pena recordar que Philips hizo justo lo contrario y estuvo cuarenta años cobrando en volumen.
Del aparato que convirtió esa cinta en algo que se llevaba encima, el Walkman.
Imagen destacada: casete compacto junto a un microcasete, fotografía de Jacek Halicki, licencia CC BY-SA 4.0 vía Wikimedia Commons.




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